El nuevo campo español es una franquicia: cómo los fondos de inversión se están comiendo al agricultor tradicional

El panorama del campo en España se está transformando rápidamente con la fuerte apuesta de grandes fondos especializados en el sector agrario 

Almendros
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Liliana Fuchs

Editor

El fenómeno es global y está transformando por completo la situación del sector agrario en España. La entrada en masa de grandes fondos de inversión ha convertido la tierra en un nuevo activo que, como ya ha ocurrido en otros sectores como el de la vivienda, está concentrando la propiedad del campo con un impacto directo en el mundo rural y el agricultor tradicional. Y en la cesta de la compra.

Las cifras que lanzan los informes más recientes son claras; el estudio elaborado por el Observatorio Desca, por ejemplo, destaca que estos fondos han multiplicado por quince desde 2005 su inversión en el campo, y ya son más de 700 las empresas que operan en el sector. Según la consultora Valoral Advisors, en 2025 se esperaba que se superasen los 1.000 fondos, con un capital gestionado superior a 150.000 millones de dólares, como recoge Greenpeace. En 2015 apenas había 41 fondos especializados.

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El nuevo negocio del llamado agribusiness está siendo muy rentable, a pesar de que sobre el campo siempre sobrevuelan incertidumbres vinculadas a factores externos como el clima o la situación sociopolítica. Pero estas grandes compañías están viendo los campos de cultivo como un “activo seguro y rentable”, con una gran rentabilidad a largo plazo que proporcione estabilidad a sus activos.

Pero no solo son fondos de inversión especializados, nacionales e internacionales, los que están cambiando la propiedad del campo; en el negocio están entrando también grandes corporaciones industriales y fortunas familiares, las conocidas como family offices que buscan nuevas vías para hacer crecer su capital. Y esta acelerada concentración de la propiedad del suelo agrícola, unida a los problemas que ya viene arrastrando desde hace años, está convirtiendo al campo en una especie de franquicia abierta a la especulación. 

Olivos

En otras palabras, “se está produciendo una 'uberización' del campo”, afirmaba  José Luis Miguel, director técnico de COAG, en declaraciones a elDiario. Comparando el panorama con la transformación que están viviendo los centros y barrios de las ciudades, el portavoz de la organización asegura que este fenómeno pone en peligro la agricultura tradicional y aumenta las desigualdades del campo, algo en lo que coincide el informe de Desca. Cada vez hay menos explotaciones familiares y se dificulta tanto el relevo generacional como el acceso a jóvenes agricultores a emprender en nuevos proyectos.

El surgimiento de compañías intermediarias entre los inversores y las tierras de cultivo está generando un modelo de trabajo en el que se gestiona el campo como si fueran franquicias, sin que sus millonarias operaciones tengan un impacto real en el empleo local. De hecho, España no deja de perder agricultores cada año.

Esa financiarización del campo también afecta a la cadena alimentaria y al consumidor pues, advierten desde Desca, esta pérdida de control sobre la tierra pone en riesgo la soberanía alimentaria de un país, lo que se traduce a medio y largo plazo en un encarecimiento aún mayor de la cesta de la compra. Los sectores que más pueden verse afectados por esta especulación son el del aceite de oliva y los frutos secos, que atraen gran parte de la atención de los fondos de inversión, pero, de continuar esta tendencia, no serán los únicos, advierten los expertos.

En general, les interesan los cultivos leñosos, la almendra, el olivo, el pistacho y también los cítricos y algunos cultivos tropicales en auge como el aguacate. Son compañías con un gran músculo económico que se pueden permitir invertir en grandes superficies de terreno para cambiar el cultivo tradicional por sistemas de agricultura intensiva, que dará grandes cosechas en dos o tres años. Se pueden permitir esperar mientras invierten en grandes tecnologías que mecanizan todos los procesos, reduciendo así enormemente la mano de obra.

El Observatorio Desca concluye su informe haciendo un llamamiento a la clase política para aplicar medidas que frenen la especulación en algo tan básico como la tierra agraria, como el impulso de una banca pública dirigida a la economía productiva y una mayor fiscalidad contra estos fondos de inversión para controlar mejor el origen del capital que invierte en España. Para COAG, la clave está en apoyar al agricultor tradicional. “Si se ponen las cosas fáciles al agricultor, será más fácil que los jóvenes quieran seguir en el campo”.

Imágenes | Flickr/Fernando - Unsplash/Bastian Cimander

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