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Consumir local y de temporada puede no ser lo mejor para salvar el Planeta

Consumir local y de temporada puede no ser lo mejor para salvar el Planeta
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Uno de los conceptos más utilizados, en lo que se refiere a la sostenibilidad de nuestro sistema alimentario, es el de que consumir productos locales y de temporada es lo más sostenible. Tanto es así que ha dado lugar a todo un movimiento, el locavorismo. Otro concepto también muy utilizado es el de FoodMiles (Millas de comida), refiriéndose a la distancia que tiene que recorrer un alimento hasta que llega a nuestro plato. Como veremos, ambos conceptos, aunque a priori pueden parecer muy lógicos, en la práctica no tienen tanta repercusión en el impacto ambiental.

Defendiendo lo local hasta cierto punto...

Primero, una defensa del consumo de productos locales y de temporada. Son muchos los motivos que podemos tener para consumir productos locales y de temporada. Desde el más que necesario apoyo a la economía doméstica o rural, hasta el no menos importante, punto óptimo de maduración para el consumo de ciertas variedades, o para la conservación de ciertas variedades de alimentos. Todos ellos también discutibles y discutidos, pero con puntos a favor.

No obstante, tenemos que darnos cuenta también de lo que eso supone. Cuando consumimos productos locales, estamos dejando de consumir otros productos. Productos agrícolas que se producen o pueden producir en otras regiones, y que en muchas ocasiones ayudan mucho a las poblaciones locales, elevando su nivel de renta. Por supuesto, también podemos estar ayudando a grandes empresas, pero eso mismo nos puede ocurrir aquí. Tenemos que tener en cuenta que, para muchos países en desarrollo, la agricultura es el primer sector que puede servir de motor para salir del subdesarrollo.

Argumentos para el localismo

El principal argumento para el locavorismo es que el coste energético que supone traer, lechugas, tomates, o plátanos, desde las antípodas hasta nuestros supermercados. Si un alimento tiene que recorrer 3000 kilómetros hasta que lo ingerimos, las calorías que nos aporta, no serán compensadas con lo que nos ha costado traerlo. ¿Tiene lógica no? Pues no, no la tiene. O no la tiene siempre. Veamos por qué.

Los alimentos que se importan, por ejemplo manzanas de Nueva Zelanda, lo hacen en barcos enormes, como el de la foto, que van cargados de contenedores. De hecho los últimos modelos de estos barcos, que se fabrican en Corea del Sur, son los denominados barcos Triple-E (Enconomía, Eficiencia y Entorno) y son muy efectivos. Estos barcos, están específicamente pensados para llevar la mayor cantidad de carga, usando la menor cantidad de energía posible. Y estos barcos son los que se usan para importar y exportar alimentos, como grano, soja, maíz, o manzanas. Es decir, cuando calculamos las calorías que cuesta traer una manzana de Nueva Zelanda, hay que hacerlo teniendo en cuenta que viaja con cientos de miles de manzanas juntas. Y por supuesto, otros muchos alimentos o mercancías. De este modo, lo que de verdad importan es cuántas calorías nos cuesta importar manzanas por unidad de peso, o calorías por kilogramo transportado. Y es aquí donde comienzan las sorpresas.

¿Qué creéis más eficiente por kilogramo? ¿Un camión que carga 10.000 Kg de manzanas desde Asturias o un barco que que carga, 100.000 Kg de manzanas desde Nueva Zelanda? Bueno, pues un análisis similar a este, pero no solo con mazanas, sino con leche, carne o cebollas, lo hicieron unos investigadores de Nueva Zelanda (Food Miles – Comparative Energy/Emissions Performance of New Zealand’s Agriculture Industry). Sus conclusiones:

In the case of apples NZ is more energy efficient even though the energy embodied in capital items and other inputs data was not available for the UK

Es decir, que importar manzanas de las antípodas, en términos de eficiencia energética y emisiones de CO2, es mejor para el planeta que consumir las locales. Es una afirmación muy gruesa y que tiene muchos matices, pero veamos la lógica que la sustenta.

La eficiencia en la producción

Cuando hablamos de lo que menos impacto tiene en el planeta, hay que tener muchos factores en cuenta. El primero es saber que el transporte de los alimentos, apenas supone el 14% del total de la energía consumida por la industria alimentaria. ¿El resto? Pues un 32% se nos va en la preparación de alimentos en nuestras casas. Además, la agricultura apenas llega el 5% del consumo energético de un país como España. Es decir 14%x5% = 0.7% de la energía de un país se "desperdicia" en alimentos. Si metemos los fertilizantes, la cifra puede subir al 1%. ¿Os parece mucho para un sistema que nos da de comer todos los días a millones de personas en todo el mundo?

Está claro que la agricultura tiene otros impactos, como erosión, pérdida de biodiversidad, etc... Pero ese no ha sido nunca el argumento del locavorismo. De hecho puede ser pero consumir un producto local, cuyo cultivo haya degradado un valioso ecosistema aquí, que otro importado, pero producido en una región con menor impacto ecológico.

Luego está el tema de dónde y cuándo se produce. Por ejemplo, podemos consumir productos locales de invernadero todo el año, ¿es esto más eficiente que importar productos de temporada desde el otro lado del mundo? Pues depende. Por ejemplo, si el suelo, el clima y la estación son óptimas, los productores de otros países, pueden tener mucho mejor rendimiento por Ha que los productores locales que lo hacen en un invernadero. Además, si las redes de distribución no están muy optimizadas (camiones viejos, que permiten poca carga), eso también suma. En definitiva, al planeta le puede interesar que consumamos los mejores productos que pueda dar cada zona, en cada época, porque la energía necesaria para su transporte puede ser insignificante en el cómputo global de calorías, CO2, emitido, etc...

¿Y todavía puedo hacer algo para reducir mi impacto?

Pues resulta que la mayor parte de la energía que empleamos en la alimentación ocurre en nuestros hogares. Es ahí donde, dependiendo de cómo hirvamos el agua, o el tipo de frigorífico que tengamos, o el tipo de aislamiento que tengamos, realmente sí que pueden marcar la diferencia. Como he comentado, un nada despreciable, 32% de la energía implicada en la alimentación, se utiliza en la preparación de los alimentos. El simple motivo de hervir el agua de forma eficiente, puede tener mucho más impacto que no comprar productos que vengan de otros países.

De poco sirve consumir productos locales pensando que vas a salvar el planeta, si luego tienes la nevera mal organizada, te dejas un fuego encendido o no aprovechas el calor del horno. Lo que crees que has ganado por un lado, poco, lo estás perdiendo inconscientemente por otro en mucho mayor grado.

Reflexiones finales

Eso sí, como he dicho al principio, hay otros motivos para consumir local. Variedades, apoyo a la economía rural, etc... Pero no nos engañemos, vivimos en un mundo muy complejo, donde lo aparentemente lógico, puede no tener sentido cuando echamos cuentas globales. Consumir local, está muy bien, pero no seamos extremistas. A veces, consumir naranjas de la China, y aunque duela reconocerlo, puede ser lo mejor para el planeta, para nuestros bolsillos, y para las regiones menos desarrolladas.

Obviamente, si vives en un pueblo, o cerca de una granja, etc... ni que decir tiene que consumir productos locales será lo más eficiente. Pero si vives en una ciudad, el que consumas productos de un radio de 100Km o 200Km alrededor de tu casa, de poco va a ayudar. Sin embargo, comprar una nevera de tipo A+++ sí que puede tener un impacto mucho más grande a la larga.

Por último, comentar que hay quien critica que gran parte de la producción ecológica en España sea para la exportación, y que por este motivo, no se le debería denominar así. Como hemos visto, no es un argumento válido. Se le puede criticar por otros muchos motivos, entre ellos, que acepte algo tan poco científico como la agricultura biodinámica, o negarse a usar fitosanitarios sintéticos modernos más eficientes, pero el impacto del transporte puede ser insignificante.

A pesar de que pueda parecer muy lógico comer productos cercanos a nuestros domicilios, o de temporada, el impacto sobre el planeta puede ser insignificante, comparado con otros hábitos que todos tenemos en nuestras cocinas todos los días.

Imágenes | Por mikebaird En Directo al paladar | Globalización, localización, ecología y consumo de alimentos En Directo al paladar | Los locavores y las "foods miles" en entredicho

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