Las albóndigas de calabacín y berenjena son una gran alternativa para solucionar la cena. Tienen ese punto ideal entre lo crujiente por fuera y lo jugoso por dentro en plan 100% veggie.
A la hora de llevarlas a la mesa, se pueden servir solas o con un par de acompañamientos que no fallan. Bañarlas por completo en una salsa de tomate casera con un toque de orégano o albahaca queda súper para comer con cuchara y una rodaja de pan en mano. Y si lo que buscas es un plato un poco más completo, van de maravilla sobre una base de quinua, cuscús a la naranja o arroz basmati.
Eso sí, aunque veas que te lleva unos 30 minutos de elaboración y otros 40 de cocción, no te dejes asustar por los tiempos. Puede parecer un poquito laborioso a primera vista, pero la verdad es que el paso a paso es muy sencillo y se lleva sin ningún estrés. Además, todo el tiempito invertido en la cocina cobra sentido al momento de dar el primer bocado.
Lo mejor de esta receta es lo versátil que resulta a la hora de prepararlas. Para seguir la versión original, las puedes freír en abundante aceite de oliva caliente; pero también es posible cocinarlas al horno para mantenerlas ligeras o en la freidora de aire si estás con prisa, logrando en todos los casos ese dorado perfecto en la superficie. Además, aguantan en la nevera de un día para otro, para hacer una buena tanda y tener la cena resuelta o ser una comida de táper lista al día siguiente.
Y si te resulta jugar un poco con el emplatado, quedan increíbles servidas dentro de un pan de pita con un chorrito de tahini por encima y unas hojas verdes crocantes para darle frescura al plato.
En DAP | Albóndigas de berenjena y albahaca con salsa de tomate