En 1907, Australia instaló una valla de 1.833 km, la más larga del mundo. Pero los conejos ya habían cruzado, así que tuvieron que añadir dos más

El ambicioso proyecto intentó frenar la plaga de los conejos invasores que estaban destruyendo los campos agrícolas y los ecosistemas del país

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Liliana Fuchs

Editor

Los australianos parecen demasiado estrictos con sus normas  en los controles de aduanas, pero solo hay que revisar su historia para darles la razón. Uno de los ejemplos más sonados es el de la Rabbit-Proof Fence, un mastodóntico proyecto de ingeniería que intentó frenar una catastrófica invasión de conejos, y que terminó adquiriendo un gran impacto social vinculado a la comunidad aborigen y el racismo.

La 'valla a prueba de conejos', hoy conocida oficialmente como la State Barrier Fence of Western Australia, ('valla fronteriza estatal de Australia Occidental') se terminó de instalar en 1907 recorriendo el estado de Australia Occidental de norte a sur, logrando una longitud total de 1.833 km (1.139 millas) en solo seis años de trabajo. Era entonces la valla ininterrumpida más larga del mundo, pero demostró su ineficacia incluso mientras se estaba levantando. Los conejos, la plaga que esa valla debía contener, ya la habían cruzado, por lo que se comenzaron dos tramo más para proteger las zonas más vulnerables. A finales de 1907 la red total vallada combinada sumó 3.256 km.

Y como tantos problemas que han marcado la historia contemporánea del país, todo comenzó con una especie invasora aparentemente inocente e inofensiva, por culpa de la inconsciencia de los colonos británicos que tomaron el territorio como su patio de recreo particular.

La invasión gris de Australia

Aunque los conejos europeos se introdujeron en el continente australiano ya en el siglo XVIII, fue un poco más tarde cuando se convirtieron en una amenaza nacional. Corría el año 1859 cuando el colono británico Thomas Austin tuvo la idea de liberar 24 conejos silvestres en terrenos de su propiedad, cerca de Geelong (Victoria) para poder practicar la caza a su gusto y "proporcionar un toque de hogar". No debía ser un gran cazador, porque no logró matar a todos. Los animales, al no encontrar grandes depredadores naturales y encontrarse en un hábitat favorable, comenzaron a procrear. 

Csiro Scienceimage

Los lagomorfos hicieron honor a la expresión 'reproducirse como conejos' y no tardaron en multiplicar su número a una velocidad incontrolable para los cazadores, extendiéndose rápidamente por todo el territorio y colonizando amplias áreas limítrofes. Para la década de 1890, millones de conejos estaban devorando los pastos y cultivos del este y sur del continente, avanzando varios kilómetros por año hacia el oeste de Australia. La explosión demográfica provocó millonarias pérdidas económicas por los daños agrícolas, creando también un desastre ecológico en los ecosistemas locales. La llamaron «la invasión gris».

La situación se había vuelto tan insostenible que, en 1887, el Gobierno de Nueva Gales del Sur, a través de la Comisión Intercolonial del Conejo, ofreció una recompensa de 25.000 libras esterlinas a quien presentara «cualquier método exitoso no conocido previamente en la Colonia para la exterminación efectiva de conejos». Los animales se habían convertido oficialmente en una especie invasora, y en toda una plaga con la que había que acabar, costase lo que costase. El problema es que se reaccionó con bastante lentitud.

El desafío de vallar un continente en medio del desierto

En 1896 se encargó al agrimensor Arthur Mason que dirigiera un grupo de investigación para estudiar la «probable» invasión de conejos en Australia Occidental; su veredicto fue claro: «los conejos se están desplazando y, al ritmo que lo hacen, pronto invadirán las zonas meridionales [del estado]». Recomendó construir una valla y se mostró optimista, aventurando que «con la ayuda de agentes fronterizos, veneno, gatos, etc., no se dará mucho en erradicar la plaga». Se equivocaba.

Por fin, ya en el año 1901, una Comisión Real, tras una nueva investigación, recomendó instalar una barrera física que aislara las tierras agrícolas occidentales de la plaga que amenazaba desde el este.

Australia Rabbit Fence Caricatura de 1884 en respuesta a la propuesta para construir una valla a prueba de conejos entre Nueva Gales del Sur y Queensland . El pie de foto dice: «El Sr. Stevenson, miembro de la Asamblea Legislativa, sugirió que el Gobierno debería construir una valla de alambre a lo largo de nuestra frontera con Nueva Gales del Sur para frenar la inminente invasión de conejos. El artista representa el probable uso que los conejos harían de la valla»

Los ingenieros y topógrafos Alfred Canning y Richard John Anketell fueron los encargados de liderar un proyecto de dimensiones hasta entonces desconocidas. Canning había tardado tres años solamente en completar el estudio preparatorio en el que, ayudado por Hubert Trotman, el afgano Hassan y sus ocho camellos, analizaron la estabilidad del terreno y evaluaron el acceso a los materiales y agua que se necesitarían durante varios años. Finalmente, a finales de 1901, comenzaron a levantarse los primeros metros.

Tras unos inicios más titubeantes en los que los retrasos eran constantes, las obras pasaron de contratistas externos a ser completa responsabilidad del Departamento de Obras Públicas. Más de 120 hombres trabajaron en condiciones extremas en medio del desierto australiano, con la inestimable ayuda de unos 350 camellos, y cientos de caballos y burros. Los postes se hicieron con madera local, excepto cuando no había disponible y se tuvo que recurrir al metal, colocándose a 3,6 metros de distancia entre unos y otros, elevándose 1,2 metros sobre el suelo. Las redes metálicas se enterraban 15 cm para evitar que los conejos excavaran túneles por debajo, pero fue un esfuerzo inútil. Los animales ya habían cruzado cuando no se había terminado el proyecto.

Australia Rabbit Fence Cobar October 1905 Fotografía de 1905 que muestra los dos lados de la valla, con los terrenos afectados por los conejos.

Cuando se detectaron conejos en la tierras que el vallado debía proteger, el gobierno se vio obligado construir a toda prisa una segunda valla (1904-1905) más al interior para cercar el área agrícola central, y una tercera más tarde (1906-1907) para cerrar el paso desde la costa de Geraldton. Todo el proyecto se completó en 1907, con una distancia combinada de 3.256 kilómetros que atravesaba algunas de las tierras más inhóspitas del país.

De conejos a emúes y un inesperado simbolismo histórico

A corto plazo, las vallas fracasaron estrepitosamente en su objetivo de contener la invasión de conejos. Económicamente fue también un fiasco, pues, además, el mantenimiento una vez concluida la instalación era sumamente costoso, con daños frecuentes a lo largo de sus extensos recorridos que debían vigilar decenas de jinetes a caballo, camello y bicicleta o, ya en la década de 1920, con vehículos a motor.

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Aunque una vez instaladas sí funcionaron como barreras de contención frente a los animales que se habían quedado en el lado este, en 1927 cuando un gran número de conejos la atravesó al norte de Murchison, abriendo una brecha determinante. Lo único que frenó la plaga fue la introducción biológica del virus de la mixomatosis en la década de 1950.

Ya controlada, relativamente, la población de conejos, las vallas se mantuvieron para frenar a otras especies invasoras y nativas, como zorros y dingos, que amenazaban a las ovejas, o emúes, que en épocas de sequía podían migrar hacia los campos agrícolas en busca de alimento. También se han ido sustituyendo tramos y materiales, eliminando casi por completo la madera.

Pero si hay algo que ha marcado el simbolismo histórico de estas vallas no son las luchas contra animales, sino un episodio vinculado a la comunidad aborigen. Las vallas se han convertido en símbolo de la 'Generación robada', los niños aborígenes que fueron separados a la fuerza de sus padres y familias por las políticas racistas del gobierno colonial.

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En 1931, Molly Craig (14 años), su hermana Daisy (8) y su prima Gracie (10), tres niñas aborígenes, fueron extraídas a la fuerza de su familia en Jigalong por las políticas de asimilación forzada y recluidas en el asentamiento de Moore River. Las tres hermanas lograron escapar y caminaron más de 1.600 kilómetros a pie a través del desierto, utilizando las vallas 1 y 2 como guía física para regresar a su hogar, sin mapas ni recursos.

Esta hazaña histórica fue inmortalizada por la hija de Molly, Doris Pilkington Garimara, en el libro de 1996 Follow the Rabbit-Proof Fence, el cual fue a su vez adaptado al cine en 2002 por Phillip Noyce en la película australiana homónima, titulada en España, precisamente, como 'Generación robada'.

Imágenes | Wikimedia Commons/Calistemon/CSIRO ScienceImage - State Library of Western Australia

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