Convirtieron esta isla en un refugio para conejos. Lo que no esperaban es que los jabalíes aprovecharan la situación y comenzaran a comérselos

Lo que parecía un paraíso natural se ha convertido en una guerra de guerrillas entre dos especies que el turismo ha multiplicado

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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Es bastante posible que no te suene de nada la isla japonesa de Ōkunoshima, en la prefectura de Hiroshima, en el suroeste de Honshu –la isla principal de Japón–, pero tiene una curiosa y carnívora historia reciente a base de conejos, turistas… y jabalíes.

Conocida como la Isla de los Conejos, Ōkunoshima se convirtió a principios de los años setenta en una pequeña colonia de conejo europeo, de los cuales se liberaron ocho parejas en el año 1972 y, fieles a su honor, los conejos empezaron a multiplicarse allí hasta convertirse casi en una plaga.

No es una forma de hablar. Se estima, tras una investigación exhaustiva, que la isla tiene recursos naturales para alimentar a entre 200 y 300 ejemplares, pero el turismo ha convertido Ōkunoshima y sus conejos en un reclamo de primer orden que permite que el viajero lleve comida a los animalitos, favoreciendo la multiplicación del conejo. 

Pruebas no faltan, sobre todo por comprobar cómo el ser humano ha ido introduciendo más y más ejemplares allí, al punto de que los investigadores han descubierto pelajes muy distintos en los animales, prueba de que se han seguido incorporando conejos a la isla.

Y donde hay mucho conejo, también hay problemas en el ecosistema. Casi como alimañas, la desbordada población de roedores de la isla no solo se come sus pastos habituales y buena parte de lo que traen los viajeros, sino que ha llegado al punto de haber eliminado casi cualquier planta baja de la isla y las ramas inferiores de los árboles, y ya se atreve a comerse plantas tóxicas como las adelfas y las hortensias.

Ejemplares De La Isla Registrados Por Los Investigadores Ejemplares de la isla, registrados por los investigadores. En las fotos se aprecian distintas morfologías y pelajes, lo que advierte que se han seguido incorporando animales a Ōkunoshima.

Pero no están solos. En la isla hay otros animales con menos fama, pero bastante amigos de ser todoterrenos gastronómicos, como jabalíes, cuervos y milanos negros. Ante la sobreabundancia de alimento que procuran los turistas, los jabalíes han ido ganando terreno y perdiendo el miedo a acercarse a las personas.

Los jabalíes que no amaban a los conejos

De este modo, se arriman a los embarcaderos y, como era lógico, van achantando a los conejos, que no pueden hacer frente a estos bulldozers de la naturaleza, omnívoros por naturaleza y que ya han tenido un par de encontronazos con los conejos.

No muchos, es cierto, pero se han documentado hasta dos ataques de jabalíes a los conejos con la sana intención de comérselos. Uno en 2017 y otro en 2024, demostrando que los jabalíes no se andan con chiquitas cuando se trata de comer… o de eliminar competidores.

Reco A 2705843 F0002 Oc Ilustración de Eri Kondo basándose en una de las capturas de jabalíes a los conejos.

La hipótesis que manejan los investigadores, que han publicado el trabajo en Journal of Ecotourism, es que los jabalíes ya habrían comenzado a consumir carroña de conejo y que, paulatinamente, esto podría favorecer esos ataques. Si a la ecuación añadimos una sobrepoblación de conejos, la presencia de los jabalíes y un territorio limitado, las cuentas salen.

La cuestión del trabajo, más allá de este par de escarceos entre conejos y jabalíes, es el efecto desastroso que ha supuesto la intervención humana en la isla de Ōkunoshima, donde el turismo masivo ha hecho que la población de conejos se multiplique hasta unos límites que apenas permiten a la isla regenerarse naturalmente a ningún nivel.

Imágenes | Antoine Conotte / Jay Brand

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