Las conservas de pescado son un ingrediente casi churchilliano, al menos si parafraseamos la frase que el primer ministro británico dijo el 20 de agosto de 1940 al referirse a los pilotos de la Fuerza Aérea Británica.
"Nunca tantos debieron tanto a tan pocos", exclamó Churchill para rendir honores a los aviadores que combatieron la invasión alemana. Pues, aunque Churchill seguro que nos tiraría de las orejas, con las conservas de pescado nos pasa lo mismo.
Son buenas, son bonitas, son baratas y, sobre todo, son seguras. Pero no siempre son seguras, claro. Dejan de serlo cuando las abrimos, nos confiamos y pensamos que esas sardinas, mejillones, almejas o bonito del norte son indestructibles cuando los destapamos y llevamos a la nevera.
Nada más lejos de la realidad. Lo aseguraba Boticaria García, farmacéutica y tecnóloga de alimentos, en su cuenta de Instagram para recordarnos que una vez que abrimos la conserva, el deterioro es progresivo y que su blindaje inicial se ha ido al traste.
Pensamos, además, que el frigorífico todo lo puede. Así que nos limitamos, una vez abiertas y sin terminar, a soltar en unas de las baldas a la conserva en cuestión. Y, a nuestro pesar y al de nuestra salud, no deberíamos hacerlo.
"Una lata abierta en la nevera es un descapotable con autopista a la infección y al deterioro", indicaba Boticaria García. Especialmente porque hemos terminado con esa protección que la lata le ha dado.
"Cuando la abres, entra oxígeno, empieza la oxidación y el alimento puede coger sabor metálico", cuenta. Además que de pueden aparecer olores raros y estropearse antes, pero no solo eso.
La nevera es una fiesta de bacterias a baja temperatura donde una conserva abierta va a compartir escenario con muchos otros productos. Por eso, "la comida mal conservada o contaminada por manipulación con bacterias como salmonela, E. coli, campylobacter o estafilococo aureus puede estar haciendo de las suyas".
Ante eso, la solución no es recurrir a la tradición familiar de "taparlo con un platito". Lo que hay que hacer es, una vez abierta, "meter la conserva en un táper". Así durante tres o cuatro días. "No porque al quinto día la sardina explote, pero cuanto más tiempo pasa, más fácil es que se deteriore", remató.
Imágenes | Karen Laårk Boshoff / Boticaria García
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