La desaparición de las panaderías de toda la vida no es un fenómeno que afecta solo a pueblos y aldeas de la España rural, ni todos los cierres de negocios de barrio urbanos se deben a la especulación inmobiliaria. En Barcelona, un horno de casi 70 años de historia tiene echada la persiana por culpa de la burocracia.
Eso es al menos lo que denuncia en RAC1 Roger Martí, el hijo del propietario del local donde se ubica el Forn de pa Bertran, en el número 74 del Pasig de St. Joan, en pleno barrio del Eixample. Un horno que lleva funcionando como tal, al menos, desde 1957, y por el que han pasado varios panaderos a lo largo de siete décadas. Una panadería de barrio de las de siempre, que horneaba su propio pan y otros productos de panadería y repostería, y que en la última generación era famoso especialmente por sus ensaimadas, cocas y cruasanes.
Pero el horno lleva sin funcionar desde hace más de un año, cuando el último panadero falleció en septiembre de 2025. Sin heredero que tomase el relevo, Martí lleva desde entonces intentando que otro profesional del gremio tomara las riendas del negocio para que el local continuara prestando servicios como panadería, pero, afirma, la burocracia se lo está poniendo imposible por la lentitud con la que se gestionan los trámites. Y, mientras, acechan los fondos buitre.
En declaraciones a la cadena catalana, asegura que llevan meses esperando a que el Ayuntamiento acepte la solicitud de traspaso de la licencia de panadería a su padre. “De los que están interesados, nadie quiere hacer nada sin estar seguro de que podremos traspasarles la licencia, y eso no podemos hacerlo hasta que la tenga mi padre”, denuncia, añadiendo que, para su padre, es una pérdida de ingresos importante y por eso se plantea vender. “Si se vendiera a una gran empresa, podrían permitirse tener esto cerrado los meses que fuera necesario, pero nosotros no”.
El padre de Martí, de 85 años, ya ha recibido ofertas de varios fondos buitre para adquirir el local, lo que supondría la desaparición definitiva de la panadería para el barrio. Afirma que fue él y sus hermanos quienes le convencieron para esperar y no vender el inmueble tras el fallecimiento del último panadero, ya que la “parte romántica” de mantener un horno para los vecinos les hace querer mantenerlo abierto, sin olvidar que siempre ha sido rentable. Pero se toparon con varias dificultades burocráticas que están haciendo que sea casi imposible.
Aunque el local ya tenía licencia de panadería, descubrieron que debían recuperarla. Y resulta el último panadero, al asumir el negocio en 2014, lo hizo adoptando la licencia a nombre del precedente, de 1996. La familia de Martí lleva desde principios de 2026 intentando recuperar esa licencia para poder traspasarla a un posible nuevo panadero, pero el Ayuntamiento tarda meses en responder y, el pasado verano, contestaron que la instancia debía pasar al departamento jurídico por estar el anterior titular fallecido.
Martí denuncia cómo la engorrosa y lenta burocracia no hace más que poner trabas al pequeño propietario obligándole a perder dinero, ya que no solo tienen un local vacío que no genera ingresos, también, afirma, les cuesta mantenerlo en buen estado y limpio. “Si a finales de año no lo tenemos solucionado, lo malvenderemos y que pongan un supermercado o una cafetería. Cualquiera de esas cosas impersonales”, afirma.
Imágenes | Google Maps - Forn de pa Bertran