El Prepirineo aragonés y, en concreto, la zona de la Hoya de Huesca, es muy conocida desde hace años como destino familiar por sus actividades de aventura –en especial el rafting por el río Gallego–, sus campings y sus rutas de senderismo aptas para todos los públicos.
De un tiempo a esta parte, se han hecho especialmente conocidos los Mallos de Riglos. Aunque estas peculiares formaciones geológicas, consistentes en unas enormes peñas de paredes verticales que destacan en todo el valle, han sido siempre un apreciado destino de escalada, no fue hasta 2022 cuando se hicieron famosos, especialmente en Francia, cuando el diario Le Monde incluyó a Riglos entre los 20 mejores destinos para visitar ese año.
La fecha coincidió con el levantamiento de las restricciones de la pandemia, lo que hizo que el pequeño pueblo oscense –que tiene censados solo 74 habitantes–, tuviera que habilitar un nuevo parking y cobrar entrada para controlar la afluencia de turistas.
No cabe duda de que los Mallos de Riglos siguen mereciendo una vista y cuentan con un muy recomendable paseo alrededor de los mismos, pero la zona está repleta de formaciones geológicas parecidas (y no tan masificadas).
De Villalangua a Agüero
A solo unos 15 minutos en coche de Riglos, tras atravesar el Embalse de la Peña, se encuentra el pueblo de Villalangua –que, de hecho, pertenece al mismo municipio de Las Peñas de Riglos–.
Desde allí parte un camino que lleva, en un recorrido de 11,8 km, al municipio de Agüero, sede de los otros grandes mallos de la zona. El sendero completo tiene un desnivel de 534 m y, solo es recomendable para hacer en familia si utilizamos dos coches. Pero no hace falta este despliegue para disfrutar del tramo más bello de la ruta, el que va de Villalangua al abandonado pueblo de Salinas Viejo.
El camino, muy bien indicado desde Villalangua tras cruzar el río que discurre por la parte baja del pueblo, asciende hasta Salinas Viejo por la impresionante Foz de Salinas y es perfecto para hacer con niños a partir de seis años. Y es que siendo una excursión de montaña, es muy entretenida.
La ruta tiene unas impresionantes vistas. En lo alto se ven los grandes picos de Pirineos.
El sendero transcurre por zona de mucha vegetación –que además protege del sol– hasta alcanzar la foz. Muy comunes en todo el pirineo, las foces son desfiladeros estrechos y profundos de paredes verticales, formados por la erosión fluvial de un río al atravesar roquedos calizos duros durante miles de años.
El camino que lleva a Salinas Viejo atraviesa la foz pegado a la pared, cruzando en dos ocasiones el río que, además, sobre todo en primavera, forma una impresionante cascada.
La foz de Salinas es, además, un importante nido de buitres, que se pueden ver sobrevolando muy cerca del camino. Pasada la cascada –donde además nos podemos abastecer de agua, sin tratar, pero limpia– seguimos subiendo entre vegetación densa hasta alcanzar el abandonado pueblo de Salinas Viejo que, sorprende, haya tenido nunca población dado lo recóndito del lugar.
Del abandonado pueblo de Salinas Viejo solo queda en pie su antigua iglesia.
La historia de un pueblo en mitad de la nada
La realidad, como explica un panel informativo en lo que queda del pueblo, es que el asentamiento se estableció desde el siglo XII dada la existencia de un yacimiento de sal, que abastecía entre otros lugares al Monasterio de Ruesta.
Además de la sal y pese a lo escarpado de la zona, el pueblo contaba también con agricultura y ganadería. Este fue el sustento de sus pobladores hasta que, en los años 40 del siglo XX, diversos corrimientos de tierra unidos a su complicada ubicación, motivaron el traslado del pueblo en 1950 a su actual ubicación, Salinas Nuevo, junto a la carretera A-132.
Actualmente, solo se conserva la nave principal y la torre de la antigua iglesia, del siglo XVI, y algunos restos de viviendas ya sin techo.
Los Mallos de Agüero no son tan impresionantes como los de Riglos pero bien merecen una visita.
Una vez alcanzado Salinas Viejo se puede continuar la ruta durante unas dos horas más hasta el municipio de Agüero, algo que se puede hacer si se está en buena forma, no se va con niños muy pequeños y, mejor aún, se cuenta con dos vehículos para hacer la excursión sin necesidad de volver por donde se ha venido.
El municipio de Agüero tiene otra excursión muy recomendable, rodeando los mallos, que transcurre precisamente donde termina el camino que viene de Villalangua, pero se puede hacer también si se accede en coche al municipio, desde el cementerio.
Imágenes | Miguel Ayuso