
Soy consciente que este es un tema delicado, de los que levantan ampollas, incluso me atrevería a decir que genera verdaderas discusiones campales, por lo menos en mi casa, mejor dicho, se monta bien tempranito en la cafetería a la que decidamos ir a desayunar, cuando conseguimos coincidir despiertos, al menos dos terceras partes de nosotros, antes de las siete de la mañana.
En la mayoría de los bares y cafeterías de este país, y segurísimo que en muchísimos otros países, se ha puesto de moda servir el café cortado o el café con leche, con una nube de espuma blanca flotando sobre él, nube sobre la que debemos saber que está hecha con leche y a golpe de vaporizador. Y en la mayoría de los bares te dicen que esa capa flotante de espuma blanca láctea, es la crema de tú café.
Algunas veces cuando el camarero, no nos conoce, y ve que estamos retirando toda la espuma que podemos y que la dejamos en un lateral del platillo, comete el error de preguntarnos- ¿no les gusta a ustedes la cremita del café? -, y entonces es cuando suele recibir una respuesta tipo – si señor la crema de café nos encanta, lo que no nos gusta es la espuma de la leche -. Mucha gente, está confundida, la crema del café es una cosa y la espuma de leche es otra muy distinta.
