Lijar un mueble de laminado para que parezca madera auténtica suena bien: hasta que descubres lo que hay debajo

Pasarte de frenada puede suponer arruinar por completo el mueble

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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Culpamos a Ikea de que tenemos que montar los muebles. Culpamos a los muebles heredados de nuestros abuelos por grandes y pesados… y al mismo tiempo, no dejamos de cargar las tintas contra los clásicos muebles de laminado, pensando que están a medio camino entre lo barato y lo práctico, aún a sabiendas de que su calidad no es la mejor del mundo y que, si hablamos literalmente, no es auténtica madera.

Por eso, son muchos los que creen que con algunos detallitos pueden hacer vibrar al clásico mueble de laminado, atreviéndose con algo de chapa y pintura para darle una nueva vida.

Hasta que se comete el peor de los errores que se puede cometer con este tipo de elementos: tirar de lija. Desde el desconocimiento, obviamente, lijar un mueble de estas características no solo va a conseguir que destapes lo que hay debajo, sino que va a empezar a perder propiedades.

De hecho, lo más lógico es que simplemente el tablero laminado sea el remate de un mueble hecho con aglomerado o con MDF. Con ello lo único que conseguimos es que la lámina exterior pretenda ser una imitación de otras maderas o de otros materiales –como la piedra–, haciéndolo más estético y también más resistente.

Un vistazo a…
Guiso de pollo con patatas. Delicioso guiso que resulta muy fácil de hacer

Pintar sí, lijar no

Pero no está hecho para ser lijado, evidentemente. Lo primordial, si hablamos de calidad cuando compramos un mueble así, es buscar también que tengan un buen grosor del tablero, que los cantos estén bien rematados y que las juntas que pueda haber, expuestas a la humedad, estén igualmente selladas.

Lijando Fuerte

Con todo y con eso, lo último que se puede hacer con estos muebles es pensar que se pueden lijar al uso. A nadie, a priori, se le ocurriría, pero hay gente para todo. Una vez que empieces a lijarlo, te darás cuenta de que debajo del laminado empieza a aparecer el aglomerado o el MDF y te habrás cargado el mueble.

Adiós a la protección, hola a la humedad y a acumular polvo. Por eso, si quieres darle una nueva vida a este tipo de muebles, lo mejor –aunque tampoco se recomienda hacerlo muy a menudo es pintarlo. No tiene mucha complicación, pero no lo puedes hacer a pelo, como vulgarmente se diría, porque tiene una superficie poco porosa que no acepta bien una capa de pintura.

Por eso, primero deberías limpiarlo a fondo con desengrasante, lijarlo muy suavemente y aplicar una capa de imprimación de adherencia. Con este gesto vas a aumentar la porosidad de la superficie y vas a permitir que luego la pintura quede fija. 

Lo más lógico es pintar con un esmalte resistente, sobre todo si el laminado está en una zona de mucho uso y expuesta a rayones, pero ahí como consideres, y terminar con una capa de barniz –si el mueble va a estar especialmente expuesto–.

Imágenes | Tima Miroshnichenko / Ivan S

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