Cansada del salteado de calabacín de siempre, con ajo y poco más, busqué inspiración en redes y di con un reel que me convenció a la primera. Lo probé en casa y ya sé que voy a repetirlo el resto del verano. La combinación de sabores es muy mediterránea, la albahaca aporta frescura, las alcaparras suman ese punto salado, y las nueces añaden un contraste crujiente.
Aquí el calabacín se sella en trozos grandes hasta quedar bien tostado por fuera, y solo después se mezcla con el aliño, en frío, para que la albahaca y las alcaparras no pierdan intensidad con el calor. La única variación que hice frente a la receta original fue usar vinagre de Módena en lugar de vinagre de vino tinto, porque era lo que tenía en casa.
Corta el calabacín por la mitad a lo largo y sala generosamente la parte de la carne. Déjalo reposar 15 minutos para que suelte el agua, así evitas que quede blando al saltearlo.
Mientras el calabacín suda, pica la albahaca y el ajo, y mézclalos en un bol junto con las nueces troceadas, las alcaparras, el vinagre de Módena y un chorro de aceite de oliva. Añade un toque de escamas de guindilla si te gusta el punto picante.
Seca bien el calabacín con papel de cocina y córtalo en trozos grandes. Calienta un poco de aceite en una sartén y coloca los trozos de calabacín sin amontonarlos. Déjalos tostar sin moverlos durante varios minutos por cada lado hasta que queden bien dorados. Retira del fuego y mezcla el calabacín con el aliño de albahaca y alcaparras justo antes de servir, para que las hierbas conserven todo su aroma.
Con qué acompañar la guarnición de calabacín
Combina muy bien con una dorada a la plancha o con un pollo al horno con limón. Y si prefieres convertirlo en plato único, puedes coronarlo con un huevo poché, dejando que la yema se mezcle con el aliño de albahaca y alcaparras.
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