A ciertas horas de la tarde, algunas terrazas huelen mejor que muchas perfumerías caras. El responsable no suele ser una vela aromática ni un ambientador sofisticado, sino un pequeño árbol asiático que florece casi en silencio. En tiempos donde muchas terrazas parecen competir por parecerse a un catálogo escandinavo lleno de cojines beige y lámparas solares, este pequeño árbol asiático ha encontrado otra manera de destacar: a través del olor.
Mientras buena parte de Europa sigue obsesionada con jazmines, buganvillas y otras plantas de Instagram, el Osmanthus fragrans lleva años conquistando patios y balcones de forma bastante más silenciosa. Sus flores son pequeñas, discretas y nada espectaculares a primera vista.
Pero basta que florezca para que el ambiente cambie por completo. Incluso tiene el poder de hacer que ese vecino que jamás saluda acaba preguntando de dónde sale ese aroma dulce que aparece de repente al abrir la ventana.
Originario de países como China y Japón, el osmanto también se conoce como olivo dulce. Allí se cultiva desde hace siglos tanto por motivos ornamentales como culinarios. Sus flores se utilizan para aromatizar tés, dulces y licores, algo que da una idea bastante clara de la fama internacional de su perfume. Su fragancia suele recordar a una mezcla de jazmín, fruta madura y notas similares al melocotón o al albaricoque.
Tamaño contenido
Una de sus grandes ventajas es que no necesita convertirse en un árbol enorme para resultar vistoso. Precisamente su tamaño contenido cuando se cultiva en maceta lo ha convertido en una opción muy valorada en terrazas urbanas y balcones pequeños. En ciudades donde cada metro cuadrado exterior parece pagarse como si tuviera vistas al Mediterráneo, encontrar una especie elegante y compacta tiene bastante mérito.
Además, el osmanto mantiene el follaje verde durante todo el año. No deja esa imagen de maceta triste y desnuda durante el invierno que sí generan otras especies más delicadas. Incluso cuando las plantas estivales empiezan a apagarse y las terrazas pierden parte de la gracia, este pequeño árbol sigue manteniendo un aspecto ordenado, compacto y bastante elegante sin grandes esfuerzos.
Aunque su apariencia pueda parecer refinada, lo cierto es que no resulta especialmente complicado de cuidar. Buena parte de su creciente popularidad tiene precisamente que ver con eso: ofrece un resultado muy vistoso sin exigir conocimientos avanzados de jardinería ni rituales de domingo por la mañana con tijeras diminutas y fertilizantes exóticos.
Lo más importante es utilizar una maceta amplia y con buen drenaje. El exceso de agua suele ser uno de sus principales enemigos, ya que la humedad acumulada puede acabar dañando las raíces. Por eso muchos especialistas recomiendan añadir grava o piedras en la base de la maceta para evitar problemas relacionados con hongos o pudrición.
Riegos regulares
En cuanto al riego, suele funcionar mejor quedarse corto que pasarse. Durante los meses cálidos necesitará agua con cierta regularidad, aunque siempre conviene dejar secar la capa superficial del sustrato antes de volver a regar. En invierno, en cambio, los riegos pueden espaciarse bastante más. También agradece mucha luz natural y florece mejor cuando recibe varias horas de claridad al día.
Otro de sus puntos fuertes es la resistencia al entorno urbano. Soporta relativamente bien la contaminación, el calor acumulado y el aire seco típico de muchas ciudades mediterráneas. Además, tolera heladas suaves y periodos cortos de sequía una vez establecido, aunque el frío intenso y prolongado puede acabar afectándole, especialmente cuando se cultiva en maceta.
Fotos | En Pexels: Sergej Strannik, Markus Winkler,
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