Las orquídeas pueden permanecer varias semanas e incluso meses en flor, pero tarde o temprano los pétalos comienzan a marchitarse y terminan cayendo. Es entonces cuando surge una de las dudas más habituales: ¿hay que cortar inmediatamente la vara que se ha quedado sin flores o es mejor dejarla? La respuesta depende, sobre todo, del estado de esa vara y del tipo de orquídea.
En las populares Phalaenopsis, una de las orquídeas más habituales en casa, la caída de las flores forma parte de su ciclo natural. Si las hojas permanecen verdes y firmes y las raíces presentan buen aspecto, perder la floración no debería interpretarse por sí solo como un problema. La planta puede entrar simplemente en un periodo de descanso antes de volver a crecer y florecer.
Observar la vara floral
Lo primero es retirar únicamente las flores que estén completamente secas o dejar que caigan por sí mismas. No es necesario arrancar aquellas que todavía conservan buen aspecto. Una vez terminada toda la floración, llega el momento de observar la vara floral: su color proporciona una pista importante sobre lo que conviene hacer.
Si la vara permanece verde y saludable, no es imprescindible eliminarla. En las Phalaenopsis puede conservarse porque existe la posibilidad de que produzca una ramificación lateral desde alguno de sus nudos y aparezca una nueva floración. Otra opción utilizada es recortarla por encima de un nudo, aunque esto no garantiza que vuelva a florecer desde ese punto.
La situación cambia cuando la vara comienza a ponerse amarilla o marrón y termina completamente seca. En ese caso ya no cumple una función productiva y puede cortarse cerca de la base utilizando unas tijeras limpias y desinfectadas. Conviene no cortar hojas o raíces sanas simplemente porque la planta haya perdido sus flores.
Después de la floración tampoco hay que intentar forzar inmediatamente la aparición de nuevos capullos. La orquídea necesita mantener buena luz indirecta, una temperatura adecuada y un riego ajustado al estado de las raíces y del sustrato. En el caso de las Phalaenopsis, el exceso de agua resulta especialmente problemático, por lo que no conviene mantener las raíces constantemente empapadas.
También es un buen momento para observar la planta con detenimiento. Raíces firmes y hojas saludables indican que puede continuar desarrollándose aunque durante una temporada no tenga ninguna flor. Si, por el contrario, aparecen raíces blandas o podridas, hojas muy deterioradas o signos de plagas, será necesario solucionar primero ese problema antes de pensar en la siguiente floración.
Por tanto, cuando caiga la última flor, no hay que dar por perdida la orquídea ni cortar todo automáticamente. En una Phalaenopsis, una vara todavía verde puede conservarse, mientras que una completamente seca puede retirarse. Con paciencia y unos cuidados estables, la planta podrá dedicar sus recursos a nuevas raíces y hojas y, cuando se den las condiciones adecuadas, comenzar otro ciclo de floración.
Fotos | En Pexels: Peter Dyllong y Mathias Reding.
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