Un par de huevos te solucionan el desayuno, el almuerzo o hasta la cena. Dejando la tortilla francesa a un lado, la elección más habitual suele estar entre cocinarlos fritos o revueltos, pero hay un método mucho más fácil que combina lo mejor de ambas técnicas en una. Se ha extendido como la pólvora en redes bajo el nombre de frambled eggs, y parece conquistar a todo el que lo prueba.
La palabreja nace de la unión de fried (frito) y scrambled (revuelto). Y es precisamente eso: fusionar las dos forma de cocinar huevos en una nueva mucho más simple. Por un lado, evitas tener que batir o remover la mezcla de huevo en otro recipiente; por otro, se cocinan con menos grasa pero el resultado es muy jugoso.
Además es a prueba de torpes y novatos; si te cuesta freír un huevo bien, o se te suelen quedar resecos o gomosos los huevos revueltos, quizá los frambled eggs sean la solución que estabas buscando.
Solo hay que engrasar una sartén antiadherente caliente, romper directamente encima dos o tres huevos, y empezar a removerlos con una espátula por las claras tras unos segundos, dejando que se vayan cuajando a medida que se revuelven. La idea es rodear las yemas para romperlas al final, dejando apenas unos instantes para que viertan su contenido en las claras cuajadas, quedando muy melosas.
Hay quien prefiere dejar una yema intacta, rodeándola, para servir el revuelto con ella encima y así poder romperla ya en el plato o sobre el pan, como haríamos con un huevo frito bien cocinado en su punto. Son perfectos para tomar sobre una tostada o rellenar un sándwich o pan tipo mollete, con los extras que quieras.
Se tardan apenas unos pocos minutos, solo se mancha una sartén y una espátula, y puedes darle tu toque añadiendo especias, hierbas frescas, copos de chile, queso, pimienta, alguna verdura picada, beicon o tacos de jamón, salmón ahumado... Los huevos son un lienzo en blanco.
Imágenes | Flickr/avlxyz