En casi todas las cocinas hay un punto débil que genera más caos del que parece: el cajón de los tuppers. Es ese espacio donde el orden se desvanece en cuestión de días, por mucho que uno intente mantenerlo bajo control.
Las tapas desaparecen como por arte de magia, los recipientes se deforman con el uso y los montones inestables se desmoronan cada vez que se abre el cajón. Lo que debería ser un sistema práctico para conservar alimentos acaba convertido en una fuente constante de frustración doméstica.
Según la organizadora profesional María Leániz, la clave no está en tener más recipientes, sino en darles un sistema. A su juicio, no se trata de acumular, sino de crear orden. Con una buena estructura y un poco de criterio, incluso el cajón más rebelde puede transformarse en un espacio funcional y fácil de mantener.
El primer paso es sacar todo y clasificar por tamaño y forma. Solo así se descubre cuántos recipientes se repiten y cuáles ya no se usan. La experta recomienda conservar un máximo de dos o tres modelos compatibles para que las tapas encajen fácilmente y se puedan apilar.
Los más grandes, en la base
Las tapas, explica Leániz, deben guardarse en vertical, como libros, dentro de una caja o separador. Así ocupan menos espacio y se encuentran en segundos. Los recipientes, en cambio, conviene almacenarlos uno dentro de otro, siempre dejando los más grandes en la base.
Otro truco infalible es destinar un cajón o estante exclusivo para los tuppers y evitar mezclarlos con utensilios. El orden visual ayuda a mantener la rutina de guardado. Además, usar organizadores modulares o cajas con compartimentos puede transformar un caos en un sistema funcional, informa Lecturas.
Según Leániz, con cuenta en Instagram atelierdelorden, el orden tiene un efecto inmediato en el tiempo que se dedica a cocinar. Según la experta, cuando todo está a la vista, se reduce el estrés y se ahorran minutos cada día. Es una cuestión de hábito más que de espacio.
Por último, aconseja revisar el cajón cada pocos meses y eliminar los envases manchados o sin tapa. Así se evita volver al punto de partida. Un pequeño gesto que, bien mantenido, convierte el caos de plástico en un rincón práctico y limpio.
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