Será porque en mi casa siempre hemos sido mucho más de melón, nectarinas y melocotón, pero la sandía nunca me ha hecho especial gracia. Promete mucho más de lo que después da, salvo que reciba una ayuda. Porque la cosa cambia por completo en platos salados; entonces nos abre un delicioso mundo de posibilidades que me salva muchas comidas en verano.
Combina de maravilla con todo tipo de ingredientes, pero si tengo que quedarme con dos, son los quesos y las anchoas. Y si se combinan los tres, el resultado es un plato riquísimo que en el fondo es la mar de simple, que solo necesita un par de ingredientes más para redondear la jugada.
Me encanta la ensalada de sandía, mozzarella y anchoas porque el pepino termina por incorporar a la sandía lo que sí tiene el melón y ella no, un punto muy ligeramente amargo con una textura mucho más crujiente y fresca que realza el frescor más insípido de la fruta roja. Las anchoas son puro umami y ya por sí solas siempre es buena ida emparejarlas con queso; la mozzarella realza la sandía sin acaparar los sabores, pero puede sustituirse por un queso de cabra fresco o más suave, algún feta o similar.
Poco más lleva esta ensalada, algo de cebolla roja o morada, un toque de guindilla para darle aún más gracia, y un aliño fácil a ojo con buen aceite, pimienta y limón. La sal, como siempre que se usan anchoas, hay que añadirla con discreción.
En formato tapa montando un pincho de sandía, queso, pimiento baby y anchoa también funciona de lujo. Y quien prefiera los sabores más serranos, que sepa que el jamón también funciona igual de bien que el bocarte en salazón.