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Dime qué antojo tienes y te diré qué te pasa

Dime qué antojo tienes y te diré qué te pasa
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¡Antojos! ¿Quién no ha tenido alguno en su vida? Esos deseos irrefrenables por unos u otros alimentos que nos llevan a recorrer kilómetros para conseguir una hamburguesa, a salir en mitad de la lluvia para comprar una chocolatina o a distraernos de nuestras tareas hasta plantarnos delante de una taza de café.

Los antojos son la respuesta del cuerpo a necesidades físicas y emocionales concretas. En la mayoría de los casos desconocemos el porqué de los mismos y, consecuentemente, la manera de atajarlos sin sucumbir a ellos. Vamos a conocerlos un poco más a fondo, de modo que dime qué antojo tienes y te diré qué te pasa.

Antojo de dulce

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Imposible resistirse a hincar el diente a un trozo de bizcocho, a unas crujientes galletas, a una porción de tarta, etc. Un antojo de lo más común al que, a menudo, nos referimos con un “es que soy muy goloso o golosa”. Al margen de lo mucho que nos atraigan los dulces, el antojo regular de este tipo de comida puede deberse a que nuestro cuerpo esté acostumbrado a ingerir mucho azúcar.

Cuando el “subidón de azúcar” que recibe tras la ingesta comienza a suavizarse, el cuerpo, inevitablemente, nos pide más. Es decir, cuanto más azúcar ingerimos, más quiere el organismo. Es un círculo vicioso que conviene controlar, pues el exceso de azúcar es perjudicial para la salud y provoca enfermedades graves. Así que, cuando nos apetezca un bocado dulce, la mejor alternativa es una fresca y jugosa pieza de fruta.

Antojo de salado

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Patatas fritas, palomitas, etc son otro de los antojos más comunes y difíciles de resistir. La sal que el cuerpo necesita ya la aportan los alimentos que tomamos, no hay necesidad de agregar más. Este tipo de antojo puede ser un gusto adquirido o tener una causa fisiológica, como la falta de sodio. En cualquier caso, es necesario controlarlo pues, al igual que ocurre con el azúcar, el exceso de sal en el organismo puede producir enfermedades graves.

Antojo de comida reconfortante o comfort food

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Refugiarse en la comida cuando estamos insatisfechos en diferentes aspectos de nuestra vida, todos ellos relacionados con las emociones, es algo tremendamente común. Atravesar un mal momento con la pareja, tener dificultades económicas, sufrir de estrés en el trabajo, sentirse solo y falto de cariño, etc son causas que nos afectan y nos llevan a buscar en el alimento una cura, que funciona como tranquilizante y relajante. Es importante identificar la causa de este tipo de antojo para encontrar la manera adecuada de atajarlos.

Antojo de queso

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La necesidad regular de queso responde a una falta de ácidos grasos, común en aquellas personas que no consumen suficiente omega-3. Las etapas de ansiedad, de preocupación constante y de presión son las que lo provocan. Es recomendable incluir en nuestras dietas alimentos como nueces o salmón, además de aceite y semillas de linaza, que son grandes portadores de ácidos grasos.

Antojo de carne roja

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Los antojos de carne roja, por lo general, indican una deficiencia de hierro en nuestro organismo. Las mujeres somos más vulnerables a la pérdida de hierro, debido a la propia naturaleza de nuestro organismo. Un suplemento de hierro es una buena manera de paliar esta carencia, aunque también conviene consumir alimentos como legumbres, berberechos, sardinas, ciruelas, higos y otras frutas secas, muy ricos en este mineral.

Antojo de chocolate

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Uno de los antojos más comunes es el de chocolate, que responde a la necesidad de magnesio por parte de nuestro cuerpo. Si vamos a sucumbir al chocolate en un momento de antojo, mejor que sea amargo, pues es rico en antioxidantes y contiene menos azúcar que el resto. Asimismo, podemos integrar en nuestras dietas diarias alimentos ricos en magnesio, como las nueces, semillas de girasol, pescado y verduras de hoja verde.

Antojo de alimentos pesados

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Cuando el cuerpo nos pide algo denso y rico, comida rápida o un postre pesado cargado de mantequilla, es porque está necesitado de calorías. Si nuestro organismo no ha recibido suficiente combustible durante un tiempo, se rebela al respecto y lo pide a través de este tipo de antojos. No hace falta comer alimentos pesados y grasos para luchar contra este antojo, basta con comer más.

En cualquiera de los casos descritos, la mayoría de los antojos son señales de que nuestro cuerpo se encuentra deshidratado. Sin embargo, malinterpretamos la señal y la entendemos como “hambre”. Antes de que sucumbir a un antojo, lo mejor es beber un vaso de agua y esperar unos minutos. Esta podría ser la cura para nuestro antojo y así evitaríamos caer en un atracón innecesario.

Vía | Ben green field fitness y Lifehack
Imágenes | Logan Brumm, Fei Kuang, Steve Johnson, Skanska Matupleverser, Boris Mann, PortoBay Events, Pamela Graham en Flickr y TNT Smoothies & Supplements
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