48 horas en el Real Sitio de San Ildefonso: qué hacer y qué comer en La Granja, entre palacios reales y judiones

Faisanes, pinos, leyendas borbónicas, jardines eternos, fuentes, tapices, patatas a la importancia, senderismo… Una escapada en 360 º a las puertas de Madrid

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

Editor Senior

A los pies de la Sierra de Guadarrama, donde los pinares se confunden con las nieblas matinales y el aire fresco desciende desde los altos de Peñalara, se esconde un lugar que parece detenido en el tiempo. 

El Real Sitio de San Ildefonso, popularmente conocido como La Granja, despliega ante el visitante un escenario en el que conviven el esplendor cortesano y la serenidad de la naturaleza castellana. Apenas once kilómetros lo separan de Segovia y poco más de una hora lo conectan con Madrid, lo que lo convierte en una de esas escapadas recurrentes que siempre dejan con ganas de volver.

Quien se adentra en sus calles descubre de inmediato la huella de los Borbones, en especial la de Felipe V, que encontró aquí un refugio semejante a los palacios de su infancia francesa. 

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Fuente Carrera De Caballos Fuente de la Carrera de Caballos. ©Turismo del Real Sitio de San Ildefonso.

De su empeño nació el imponente palacio rodeado de jardines de inspiración versallesca, con fuentes monumentales que parecen cobrar vida cada verano al ritmo de los juegos de agua. A su sombra, el pequeño caserío creció en torno a plazas, iglesias y talleres que dieron forma a una comunidad con identidad propia.

Pero La Granja no es solo un eco del pasado regio. Su atractivo se extiende más allá de las tapias palaciegas, ofreciendo al viajero un turismo activo entre senderos, cascadas y miradores. El contraste entre el bullicio cortesano de antaño y la calma que se respira en los montes de Valsaín es, quizá, el mayor secreto de este enclave. Un lugar donde resulta tan fácil perderse en la contemplación de una sala de tapices como en la frescura de un hayedo.

Montes De Valsain Montes de Valsaín. ©Turismo del Real Sitio de San Ildefonso.

Y como toda escapada castellana que se precie, la experiencia no sería completa sin una mesa bien servida. Los judiones de La Granja, guisados lentamente y acompañados de carnes y embutidos, son un emblema de la gastronomía local que se disfruta con la misma intensidad en tabernas familiares como en restaurantes de renombre. Con estos ingredientes, el Real Sitio se revela como un destino en el que conviven palacios y montañas, fuentes y calderos, pasado regio y presente vibrante.

Día 1: Una Granja palaciega

Mañana: recorrido por los jardines

La primera toma de contacto con el Real Sitio debería comenzar en sus jardines, un espacio donde naturaleza y arte se funden en un conjunto que recuerda al visitante que aquí nació un pequeño Versalles castellano. Pasear entre avenidas arboladas y parterres geométricos es, más que un simple recorrido, una forma de leer la historia a través del paisaje. Los setos perfectamente recortados y los juegos de perspectivas diseñados en el siglo XVIII siguen transmitiendo la grandeza que los monarcas quisieron imprimir a este lugar.

Jardines del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso Jardines del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso. ©Patrimonio Nacional.

Las fuentes monumentales son, sin duda, el gran atractivo del conjunto. Esculturas mitológicas de bronce y mármol representan escenas de dioses, héroes y criaturas fantásticas que parecen cobrar vida al brotar el agua. Aunque no siempre funcionan de manera continua, el paseo merece la pena por la belleza escultórica y la grandiosidad de su diseño. El eje que une la fuente de las Ocho Calles con la de la Fama ofrece una de las perspectivas más impresionantes del recinto.

El visitante puede elegir distintos recorridos según su interés. Los más curiosos disfrutarán de los paseos más íntimos, con rincones recogidos como el estanque del Mar, que refleja en sus aguas el perfil de las montañas cercanas. Quienes prefieran una visión panorámica pueden recorrer los ejes principales, donde el orden geométrico se despliega en toda su magnificencia. Sea cual sea la elección, lo importante es dejarse llevar por la atmósfera tranquila que impregna el lugar.

Fuente de los Baños de Diana en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso Fuente de los Baños de Diana en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso. ©Patrimonio Nacional.

La estación en la que se visite cambia radicalmente la experiencia. En primavera, los jardines se tiñen de verdes brillantes y flores que llenan de color los paseos. En verano, la sombra de los grandes árboles invita a caminar sin prisa mientras el rumor del agua acompaña. En otoño, el espectáculo cromático de los robles y castaños aporta una belleza melancólica. Y en invierno, la nieve convierte al conjunto en un escenario de cuento.

Fuente de Apolo Fuente de Apolo en los jardines del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso. ©Patrimonio Nacional.

Este recorrido matinal ofrece también la oportunidad de comprender mejor la relación entre el palacio y su entorno natural. Los jardines no fueron concebidos como un simple adorno, sino como una prolongación del poder regio en la naturaleza. Caminar por ellos es, en cierto modo, seguir las huellas de quienes los idearon como escenario perfecto para ceremonias, paseos y fiestas cortesanas.

Comida: un viaje en el tiempo

El chef Borja Aldea ha aterrizado, tras pasar por restaurantes con estrella Michelin como Disfrutar (tres estrellas y mejor restaurante del mundo en 2024) o el bilbaíno Etxanobe, en La Granja y lo hace mirando al pasado para ofrecer muchísimo presente desde Reina XIV

Sala De Reina Xiv Sala de Reina XIV.

Además, cuenta con el asesoramiento del sumiller David Robledo, un mítico de la hostelería nacional, con experiencia en establecimientos como Santceloni o Ambivium, aunque la defensa de la sala y la sumillería la ejerce Luis Pita, custodio de más de 150 referencias donde no faltan etiquetas del Marco de Jerez

Solomillo Con Salsa Cafe De Paris C Reina Xiv Solomillo con salsa Café de París. ©Reina XIV.

Aquí, con técnica y precisión, reelabora algunos elementos que permiten conocer el recetario palaciego de los tiempos de Felipe V, dando importancia la producto local y a la caza, pero siempre con esas recetas históricas –bien trasladadas– a la actualidad como el bollo Isabel de Farnesio o la trucha segoviana en una versión 2.0.

Butifarra De Cordero Con Ciruelas Y Pinones Butifarra de cordero con ciruelas y piñones. ©Reina XIV.

También, no en vano, trabaja con éxito cazas y carnes clásicas, además de postres de vieja escuela, todo ello en un ambiente acogedor y sereno en el que también dispone dos menús degustación donde viaja al pasado para ofrecer hoy recuerdos gastronómicos de antaño.

Tarde: recorrido por el interior del palacio y de sus museos

Tras la pausa del mediodía, el interior del Palacio Real invita a sumergirse en la intimidad de la corte borbónica. La fachada exterior, sobria en comparación con otros palacios europeos, se abre a un conjunto de estancias donde se mezclan el ceremonial y lo doméstico. Cada sala conserva parte del espíritu de una época que marcó el rumbo de la monarquía española.

Fachada del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso Fachada del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso. ©Patrimonio Nacional.

El Salón de Mármoles y la Sala de los Espejos muestran con claridad la influencia francesa que Felipe V quiso trasladar a su residencia segoviana. Techos pintados al fresco, lámparas de cristal y tapices flamencos envuelven al visitante en un ambiente de lujo contenido, más refinado que ostentoso. La Capilla Real, aún en uso, recuerda el peso que la religiosidad tenía en la vida palaciega.

Sala de Mármoles Sala de Mármoles del Palacio Real de la Granja de San Ildefonso. ©Patrimonio Nacional.

Especial mención merece la colección de tapices, considerada una de las más ricas de Europa. Sus escenas históricas y mitológicas, bordadas con una precisión extraordinaria, ofrecen una auténtica lección de arte textil. El visitante puede detenerse en los detalles de cada pieza, descubriendo un mundo de colores y texturas que aún hoy sorprenden por su vivacidad.

Museo de Tapices. Museo de Tapices. ©Patrimonio Nacional.

El conjunto se completa con museos como el del Vidrio, instalado en la antigua Real Fábrica, que permite descubrir una de las industrias que dieron fama a la localidad. La tradición vidriera sigue viva en talleres artesanales donde todavía se sopla el cristal con técnicas heredadas del siglo XVIII. Esta combinación de historia cortesana e industria local convierte la visita en un viaje cultural muy completo.

Museo Del Vidrio Real Fabrica De Cristales Museo del Vidrio en la Real Fábrica de Cristales. ©Turismo del Real Sitio de San Ildefonso.

El paseo por el interior del palacio y sus museos no solo aporta conocimiento artístico, sino también la sensación de haber atravesado una frontera temporal. Al salir de nuevo a las calles del Real Sitio, se comprende por qué este enclave no fue un simple capricho regio, sino un espacio donde se diseñó parte de la vida cultural y social de toda una época.

Cena: La Fundición

Con un estilo más ecléctico, tanto en carta como en decoración, La Fundición se ha consagrado dentro de La Granja como un restaurante de destino donde no solo se come bien, sino donde el interior –especialmente su terraza patio– también actúa como refugio en cualquier momento del año, y que pone en el mapa (incluso Michelin, como Recomendado) a este restaurante.

Croquetas Fluidas De Judiones De La Granja Croquetas fluidas de judiones de La Granja. ©La Fundición.

La cocina, valiéndose de producto y elementos clásicos, ha salido más allá de los elementos tradicionales de La Granja como los judiones –que ofrece en unas croquetas superlativas–, pero la gracia de La Fundición es dejarse aconsejar con los fuera de carta y por las propuestas de caza y carne que suele haber en una carta con ciertos toques franceses.

Rulo De Cochinillo Ahumado Y Crema De Yuzu Rulo de cochinillo ahumado y crema de Yuzu. ©La Fundición.

Potente carta de vinos, con muchas referencias no tan inusuales, complementan la propuesta de un restaurante al que mantener en el radar, bien sea como escapada al pueblo o simplemente para ir allí ex profeso.

Día 2: La Granja más allá del palacio

Mañana: recorrido por el pueblo

El segundo día invita a mirar más allá de los muros palaciegos y adentrarse en el propio núcleo urbano del Real Sitio. Sus calles, con casas de piedra y balcones de hierro forjado, conservan un aire sereno que recuerda la vida cotidiana de la villa que creció al amparo de la corte. Pasear por la calle de la Reina o la plaza de los Dolores es encontrarse con la escala más humana de un lugar que, durante siglos, vivió a la sombra del palacio.

Calle De La Reina Calle de la Reina. ©Turismo del Real Sitio de San Ildefonso.

Uno de los puntos de referencia es la Real Colegiata de la Santísima Trinidad, templo barroco que Felipe V mandó construir y en cuyo interior reposan sus restos junto a los de su esposa, Isabel de Farnesio. Su sobria fachada contrasta con la riqueza decorativa de los retablos y la solemnidad de sus bóvedas, que transmiten el peso espiritual que este enclave tuvo en la vida cortesana.

Patio De La Herradura Patio de la Herradura. ©Turismo del Real Sitio de San Ildefonso.

Otro alto obligado es el entorno de la Real Fábrica de Cristales, hoy convertido en museo y espacio de exhibición. Aunque ya se haya visitado el día anterior, la zona merece un paseo tranquilo para apreciar cómo el pasado industrial se integra en la vida del pueblo. En las calles cercanas todavía pueden encontrarse talleres y tiendas que conservan la tradición vidriera, con piezas únicas que se ofrecen como recuerdo.

Real Colegiata del Palacio de la Granja de San Ildefonso Real Colegiata del Palacio de la Granja de San Ildefonso. ©Turismo Real Sitio de San Ildefonso.

La visita al pueblo no estaría completa sin detenerse en sus plazas y en sus fuentes menores, que reproducen a pequeña escala el espíritu de los grandes jardines. Rincones como la plaza de Canalejas o el entorno del convento de San Pascual aportan una visión más íntima, lejos de los circuitos turísticos más habituales. Aquí se percibe el ritmo pausado de la vida local, con vecinos que conversan en las puertas y aromas de guisos que escapan de las cocinas.

Comida: Casa Zaca

Judiones De La Granja C Casa Zaca Judiones de La Granja. ©Casa Zaca.

Referencia ineludible e indispensable para comer los auténticos judiones de La Granja, Casa Zaca es un tótem de la cocina tradicional con sus salones de viga vista, típica impronta de mesón castellano, que abrió sus puertas con este nombre en el año 1940, cuando Zacarías Peinador se hizo con él para hacerlo taberna.

Rabo De Toro C Casa Zaca Rabo de toro. ©Casa Zaca.

No obstante, el salto vendría con la siguiente generación, encabezada por su hijo Mariano y su nuera Antonia Cornejo, con la evolución a casa de comidas donde los guisos de Antonia comenzaron a hacerse un hueco en el acerbo popular.

Huevos Con Bechamel Y Gambas En Salsa De Almejas C Casa Zaca Huevos con bechamel y gambas en salsa de almejas. ©Casa Zaca.

Restaurante imprescindible, aquí además de judiones, también se viene a por sus patatas a la importancia, al guiso de almejas y alcachofas, a la lengua estofada y a por sus pimientos del piquillo rellenos de carne, aunque la carta, amplia, merece la pena incluso acudir varias veces en una misma escapada. 

Tarde: recorrido senderista por Valsaín

La tarde del segundo día abre la puerta al lado más natural de la escapada. Muy cerca del núcleo urbano, los Montes de Valsaín ofrecen una red de senderos que atraviesan bosques de pino silvestre, robledales y arroyos cristalinos. La sensación al entrar en este paisaje es la de dejar atrás cualquier atisbo de vida cortesana y adentrarse en un escenario dominado por el silencio y los sonidos del bosque.

La Chorranca La Chorranca. ©Turismo del Real Sitio de San Ildefonso.

Entre las rutas más recomendadas se encuentra la que conduce hasta las cascadas del Chorro Grande y del Chorro Chico, dos saltos de agua que sorprenden por su belleza y por el frescor que transmiten incluso en pleno verano. El sendero serpentea entre pinares centenarios y claros que se abren con vistas espectaculares hacia la sierra. Es un recorrido accesible que permite disfrutar tanto de la vegetación como de los panoramas.

Quienes prefieran un paseo más tranquilo pueden optar por el camino que recorre las praderas de Navalhorno, con espacios abiertos donde se mezclan pastos y arboledas. En esta zona es habitual avistar aves rapaces y, con algo de suerte, algún ciervo que se deja ver entre los claros del bosque. La riqueza natural de Valsaín convierte cualquier ruta en una experiencia sensorial completa.

Embalse Ponton Alto Embalse de Pontón Alto. ©Turismo del Real Sitio de San Ildefonso.

Los amantes de la historia también encontrarán en estos montes huellas del pasado. Restos de antiguas carboneras, chozos de pastores o pequeñas ermitas recuerdan que durante siglos estas tierras fueron fuente de recursos para los habitantes de la comarca. Caminar por estos senderos es, de algún modo, recorrer la memoria de un territorio en el que la vida humana siempre estuvo ligada a la montaña.

Valsain Valsaín. ©Turismo del Real Sitio de San Ildefonso.

Terminar la jornada en Valsaín permite cerrar la visita a La Granja con una visión panorámica: del esplendor palaciego al latido de la naturaleza. Tras dos días de recorrido, el viajero habrá conocido tanto el legado monumental de los Borbones como el paisaje vivo que rodea al Real Sitio. Un contraste que convierte esta escapada en un viaje completo, donde cada paso se tiñe de historia, cultura y naturaleza.

Cena: más allá del 'centro'

No es que se pueda considerar que La Granja tenga mucha periferia, pero sí hay un par de restaurantes, no tan céntricos, que cumplen con un ticket medio más que aseado y que para cenar o comer bien son indispensables en la localidad.

Gran Judiada Fiestas De San Luis Gran judíada durante las fiestas de San Luis. ©Turismo del Real Sitio de San Ildefonso.

El primero de ellos es la Casa de Comidas Rinthin, un clásico con un menú de fin de semana bastante competitivo donde no faltan entrecot, chipirones encebollados, cachopo o los siempre bien recibidos judiones, al que merece la pena echar el guante.

La otra alternativa también para apostar por una Granja más amable con el bolsillo es acercarse a El Hábito, donde también el ticket medio ronda los 30 euros por persona, y que ya más cerca del corazón del pueblo ofrece una cocina en la que no faltan buenas carnes, algunos pescados (como el bacalao, que preparan muy bien) y postres caseros. 

Imágenes | Turismo del Real Sitio de San Ildefonso / Patrimonio Nacional / Restaurante La Fundición / Casa Zaca / Reina XIV

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