Cambiar puertas ya cuesta el doble que hace unos años: supera los 250 euros por unidad

El encarecimiento de materiales y mano de obra ha duplicado el coste en pocos años

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Joana Costa

Editor

Hubo un tiempo en el que cambiar las puertas de casa era casi un trámite. Algo rápido, asumible y, dentro de una reforma, de lo menos doloroso para el bolsillo. Hoy la historia es distinta y empieza a notarse en cualquier presupuesto doméstico.

La escena es bastante típica: una vivienda que pide actualización, unas puertas envejecidas y la idea de renovarlas ya que se hace obra. Lo que antes se resolvía sin demasiadas vueltas ahora obliga a parar, calcular y, en muchos casos, replantear prioridades.

Profesionales del sector lo resumen sin rodeos: lo que costaba unos 120 euros por unidad hace unos años, hoy supera con facilidad los 250. No es una excepción ni un caso puntual, sino una tendencia que se ha consolidado en el mercado.

Los datos respaldan esa percepción. Algunas plataformas sitúan el precio de cambiar una puerta interior entre 150 y 600 euros, dependiendo del material y el acabado. 

La subida tiene varias explicaciones y ninguna especialmente sorprendente. La madera y sus derivados ha encarecido notablemente desde 2021, arrastrada por el coste de la energía, el transporte y las materias primas, un efecto dominó que ha terminado trasladándose al consumidor.

Más costes

A esto se suman elementos que antes pasaban desapercibidos: herrajes, barnices o acabados más cuidados. Son detalles que elevan la calidad, pero también el precio final. Lo que antes era estándar ahora incorpora más diseño y costes y eso, inevitablemente, se paga.

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El verdadero impacto aparece al hacer números globales. Un piso medio puede tener entre seis y ocho puertas interiores, lo que dispara la inversión. Renovarlas todas puede situarse fácilmente entre los 1.700 y más de 3.000 euros, dependiendo del tipo elegido.

La mano de obra también juega su papel. Instalar una puerta no es solo cambiar una por otra: hay que ajustar marcos, adaptar estructuras antiguas y rematar con precisión. Un trabajo que requiere experiencia y que se ha encarecido en paralelo a la escasez de profesionales cualificados.

A ese encarecimiento se suma un factor menos visible pero igual de determinante: el contexto geopolítico internacional. La guerra en Ucrania e Irán, las tensiones comerciales globales o los problemas en las cadenas de suministro han disparado el precio de la energía y de materias primas clave como la madera o los derivados industriales. 

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Este efecto arrastre ha impactado directamente en la industria de la carpintería, encareciendo desde la producción hasta el transporte, y trasladando ese aumento al precio final que paga el consumidor.

Además, las tendencias actuales no ayudan a contener el gasto. Puertas lacadas en blanco, diseños más cuidados o sistemas de cierre más modernos se han convertido en la norma. Y, como suele pasar, cuando algo se vuelve tendencia, rara vez es lo más económico.

El resultado es claro: cambiar las puertas ha dejado de ser un detalle menor dentro de una reforma. Es una inversión que refleja cómo ha evolucionado el sector y por qué renovar una vivienda en España se parece cada vez menos a lo que era hace solo unos años.

Foto de Jan van der Wolf y Max Vakhtbovych.

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