Palencia es tierra de contrastes. Al norte, la montaña y sus grandes cumbres; al sur, un paisaje de horizontes abiertos, campos de cereal y páramos que esconde pueblos donde la historia aparece en los lugares más inesperados. Uno de ellos es Tariego de Cerrato, una pequeña localidad situada a orillas del Pisuerga y a apenas 15 kilómetros de la capital palentina.
Aquí, en plena comarca del Cerrato, el caserío se acomoda sobre la ladera de un cerro que desciende hacia el río. Una ubicación privilegiada que no pasó inadvertida para quienes habitaron estas tierras: los restos arqueológicos encontrados en su entorno permiten remontar su ocupación hasta la Edad del Bronce, antes de la presencia celtibérica y romana. La población sería posteriormente repoblada durante la Edad Media.
Sin embargo, lo que convierte a Tariego en una escapada singular no es un gran monumento, sino la combinación de pequeñas sorpresas. Casas excavadas en la tierra, una iglesia del siglo XVI, un puente medieval, senderos junto al Pisuerga y hasta una torre que formó parte de un primitivo sistema de telecomunicaciones componen una visita que se puede realizar sin prisas.
Las casas cueva de Tariego de Cerrato
Una de las imágenes más curiosas aparece en la falda de la ladera. Allí se encuentra su barrio de viviendas rupestres y bodegas-cuevas, hasta el punto de que se considera el pueblo "más rupestre" del Cerrato palentino. Algunas de estas antiguas construcciones excavadas en el terreno han adquirido nuevos usos y se han transformado incluso en restaurantes y mesones.
Son también un buen ejemplo de cómo la arquitectura tradicional se adaptó al paisaje cerrateño. El paseo por esta zona permite comprender la peculiar disposición de Tariego, extendido entre la vega del Pisuerga y las elevaciones que dominan el municipio.
Una torre para enviar mensajes a distancia
Precisamente sobre el barrio rupestre espera una de las grandes rarezas de Tariego: la torre del telégrafo óptico de la cuesta de la Butrera. Fue construida durante las guerras carlistas y perteneció a una línea telegráfica isabelina concebida para transmitir noticias entre el País Vasco y Madrid. La torre, de planta cuadrada y tres pisos, ocupaba una posición elevada indispensable para mantener contacto visual con otros puntos de la red.
La torre del telégrafo óptico. ©Hispania Nostra.
Aquel sistema fue uno de los precursores de las telecomunicaciones modernas en España. Las redes de telegrafía óptica comenzaron a desarrollarse en el país en la década de 1840 y empleaban torres separadas por varios kilómetros desde las que se transmitían mensajes mediante códigos visuales. El enclave de Tariego permite hoy unir esa curiosidad histórica con unas magníficas vistas sobre el Pisuerga y el paisaje del Cerrato.
La iglesia de San Miguel y el puente medieval
De regreso al casco urbano, el principal monumento religioso es la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel. Fue levantada en el siglo XVI en el lugar que anteriormente había ocupado un templo románico dedicado a Santa María. Construida en piedra y con una única nave cubierta mediante bóveda de crucería estrellada, guarda en su presbiterio su principal tesoro artístico: un retablo renacentista del siglo XVI dedicado a San Miguel.
Iglesia de San Miguel, en Tariego de Cerrato.
El pasado medieval de la localidad tiene otro testimonio junto al agua. El puente de Tariego, fechado en el siglo XV, fue construido con grandes sillares de piedra y cuenta con nueve arcos. Durante siglos permitió salvar el Pisuerga y facilitó las comunicaciones de esta zona del Cerrato.
Pasear junto al Pisuerga
Precisamente el río proporciona el contrapunto natural al patrimonio. En las afueras se encuentra el Mirador del Río, desde donde contemplar la arboleda de la vega y los meandros del Pisuerga. Otra posibilidad es acercarse al Monte de los Propios, un encinar acondicionado como espacio recreativo.
Para quien prefiera caminar, la Senda de los Torreones permite descubrir el paisaje característico del Cerrato. Así, entre cuevas, laderas y vistas sobre el Pisuerga, Tariego demuestra que no hacen falta grandes dimensiones para acumular siglos de historia. Y pocas localidades pueden presumir, además, de haber contemplado desde lo alto de su cerro cómo viajaban los mensajes mucho antes de que teléfonos, antenas e internet cambiasen para siempre nuestra forma de comunicarnos
Imágenes | Palencia Turismo / Hispania Nostra
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