Las lentejas guisadas son un cimiento cultural y gastronómico que no falta en prácticamente ninguna casa. Baratas, humildes, fáciles y rápidas, las lentejas son esa legumbre que, al contrario que algunas de sus hermanas, no exige remojado previo, por lo que una buena olla exprés o algo de paciencia basta para ponerlas en marcha.
Luego, en cada casa, se hacen de una manera u otra, pero la evidencia no suele fallar: sofrito, lentejas, alguna hoja de laurel y unas patatas. Con eso, ponemos en marcha las clásicas lentejas viudas, nombre que hace poca justicia a los platos de legumbres cuando prescindimos de la carne.
Sin embargo, yo recurro de manera reiterada cuando hago lentejas en casa a un elemento puramente asturiano que me permite darle más alegría sin complicar el plato: el compango.
No siempre uso la trinidad de panceta, morcilla y chorizo, pues normalmente lo resuelvo con panceta, evitando la morcilla y el chorizo para no tener que manchar más cacharros.
En este caso, simplemente, uso la panceta ahumada, un clásico de la cocina asturiana, para darle un poco más de mordida a las lentejas y, sobre todo, para que el toquecillo de humo contribuya a darle más encanto.
Al gusto se puede usar la morcilla y el chorizo, pero no suelen ser mis preferidos cuando 'engordo' las clásicas lentejas viudas. Simplemente, con agregar la panceta al mismo tiempo que metes las lentejas secas será suficiente para que perfumen la cazuela sin esfuerzo.
Luego la sacamos, cuando estén las lentejas ya cocinadas, la escurres un poco y la trinchas, dejándola al alcance de los comensales y a triunfar.
En DAP | Lentejas con chorizo
En DAP | Lentejas en olla exprés