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La flora bacteriana y su importancia en nuestra nutrición y salud, sea probablemente una de las últimas fronteras por descubrir. La realidad es que nuestros cuerpos son un conglomerado de bacterias que se han puesto de acuerdo para vivir juntas. Lejos de ser solo agentes de infecciones, la mayor parte de las bacterias coexisten en equilibrio dentro de nuestro organismo. Nuestro tubo digestivo es una buena prueba de ello.
Nuestras propias células son resultado de una simbiosis entre bacterias que se produjo hace millones de años. Lo que a una de ellas le sobraba, a otra le venía bien. Por ejemplo, las mitocondrias, unos pequeños “órganos” dentro de nuestras células y las encargadas de generar energía, son unas bacterias que en algún momento decidieron vivir dentro de otras. ¡Hasta tienen su propio ADN!
Bacterias y recién nacidos
Nacemos esterilizados. Dentro del vientre materno, nuestros tubos digestivos no tienen bacterias. Es en el momento del nacimiento cuando nos “infectamos”. Primero a través del canal del parto, e inmediatamente después a través del pezón de nuestras madres, de las manos de enfermeros, familia, amigos, etc… ¡No hay que asustarse! Si no nos infectáramos de esa forma, moriríamos. Si, moriríamos porque para poder sobrevivir nuestro organismo y más concretamente, nuestro tracto intestinal necesita de bacterias para procesar los alimentos y captar muchos nutrientes, que de otra manera sería imposible.
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