La acusación de que los suecos no comparten su comida es ya un asunto de Estado: sus excusas no van a mejorar el #swedengate

La acusación de que los suecos no comparten su comida es ya un asunto de Estado: sus excusas no van a mejorar el #swedengate
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El mundo ha descubierto esta semana que los suecos no son muy de compartir la comida con sus vecinos, pero también los suecos están en shock al descubrir que sus hábitos sociales con respecto a la pitanza son vistos como una extravagancia en el resto del planeta Tierra.

El #Swedengate, como lo han bautizado ya los medios anglosajones, ha sido el epicentro del debate público esta semana en el país escandinavo, abriendo telediarios y protagonizando todo tipo de reportajes en los principales medios del país.

Con algunos matices, los suecos reconocen que sí, que si no está todo pactado de antemano no te van a invitar a comer solo porque estés por su casa. Pero tienen motivos para hacerlo.

Tengo listo un arsenal de excusas

“El pensamiento sueco es así: el otro niño (o la otra familia) puede tener planes para otro tipo de cena, y no querrías arruinar la rutina o sus preparativos”, explica la gotemburguesa Linda Johansson en The Independent. “No creo que tenga nada que ver con no querer alimentar al otro niño o que cueste dinero o algo así, tiene más que ver con la tradición y con las ganas de comer con tu propia familia”.

“Es parte de nuestra independencia, no depender de la buena voluntad de los demás”

¿A qué tradición se refieren? Según explica en Atfonbladet el etnólogo de la Universidad de Lund Håkan Jönsson la tacañería sueca podría tener sus raíces en el pasado rural de Suecia: “[En esa época] necesitabas administrar la comida y tener un control férreo sobre el suministro de alimentos, que después de la cosecha debían durar todo el año. Entonces no era posible que la gente corriera cuesta abajo por el vecindario ofreciendo cenas espontáneas”.

Otra explicación antropológica del mismo académico: “Invitar a comer al hijo de otro padre podría ser como decir que el niño no recibió suficiente comida en su propia casa, que los padres no cuidaron del niño”.

Y una tercera. No compartir comida es una muestra de independencia. Una expresión del orgullo nacional. “Es parte de nuestra independencia, no depender de la buena voluntad de los demás”, explica Jönsson. “Incluso hoy, cuando damos regalos, la gente puede decir: “Oh, eso no significa nada, lo obtuve gratis”.

Los balones fuera han llegado a tal punto que la televisión nacional sueca (SVT) ha llevado a una experta en seguridad alimentaria para explicar que no es tan mala idea no ofrecer comida a los amigos de tu hijo: corres el riesgo de intoxicarles.

Salchichas

Un asunto de Estado

La agencia de seguridad psicológica –un organismo sueco cuya función es controlar la imagen exterior del país– se había planteado incluso que todo este asunto fuera un ataque premeditado a la reputación del pueblo sueco de parte de Rusia, molesta por el cambio de postura sueco con respecto a la OTAN .

“Una sola captura de pantalla ha destruido la vista del mundo exterior de Suecia”, ha reconocido esta agencia gubernamental sueca, según explican en Atfonbladet.

“Una sola captura de pantalla ha destruido la vista del mundo exterior de Suecia”

La conclusión, no obstante, ha sido que estamos ante un viral de verdad. Nada de bots suecos. Así lo explican en el periódico Svenska Dagbladet, en un artículo titulado La tacañería sueca es tendencia en Twitter.

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Pese a que la mayoría de medios han salido a la defensiva, lo cierto es que a muchos suecos todo este asunto les ha dolido. No eran conscientes de su tacañería. Y ahora están dispuestos a cambiar.

“Acabo de venir de buscar a mis nenes que habían ido a jugar a casa de un compi y confirmo que les han dado comida”, explica Raquel Machín, la asturiana afincada en Suecia con la que hablamos para ilustrar nuestro anterior artículo sobre el asunto y que, suponemos, no tiene miedo de ser descubierta en su país de acogida.

“La madre estaba súper nerviosa y recalcó varias veces que les ofreció lo mismo y que hubo cosas que no quisieron probar”, explica. “Y yo: pos claro, mujer, chill, todo ok. Les hemos creado un trauma a los suecos y ahora están intentando muy fuerte hacer la cosa de ofrecer comida bien y naturalmente. Pubritines, se lo han tomado muy a pecho”.

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