El gobierno obligará a retirar por primera vez en la historia aceite de oliva de las almazaras para que no baje su precio. Para el consumidor final no es la mejor noticia

Se sacarán del mercado 188.000 toneladas en noviembre para controlar el precio

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Jaime de las Heras

Editor Senior
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Jaime de las Heras

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En los últimos años hemos vivido situaciones convulsas a nivel agrícola y comercial con el aceite de oliva. Convertido en producto estrella de la cocina española, la realidad es que en pocos años hemos pasado de situaciones casi de carestía, con el precio del litro en el lineal por encima de los 10 euros en algunos ejemplos, hasta ver de nuevo cómo se ha normalizado la situación en torno a los cinco euros el litro e, incluso, viéndolo por debajo de eso.

Entre medias, la cadena de valor del aceite de oliva se resiente con las fluctuaciones. Por eso, el gobierno ha decidido en 2026 tomar una medida que, por primera vez, obligará a las almazaras españolas retirar aceite de la circulación con la intención de hacer una contención de precios.

Normalmente, lo que sucede en España es que el aceite, una vez que empieza a fluir, pasa de las almazaras a las envasadoras y como se produce al mismo tiempo, los precios bajan ante cosechas generosas.

Precisamente lo que sucede en 2026. Con una cantidad aforada de 1,6 millones de toneladas –la cuarta mayor cifra de producción desde que se tienen registros–, el riesgo añadido es que los precios se desplomen ante ese incremento de la oferta.

Un 2026 rico en aceite

aceite

Por eso, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación decidió en octubre tomar cartas en el asunto a través de una normativa de transposición europea en el Reglamento 1308/2013 sobre la Organización Común de Mercados. Con esta medida se da cumplimiento al artículo 5 de la norma de comercialización del aceite de oliva para la actual campaña.

La intención del ejecutivo a través de esta medida intervencionista es "regular la oferta para mejorar y estabilizar el funcionamiento del mercado y del sector". Básicamente, evitar que los agricultores y almazaras inundasen el mercado con el aceite y eso supusiera que las envasadoras, ante un escenario de abundancia, tirasen los precios de compra al sector primario.

campaña

El riesgo, como evidenciaba el ministerio, estaba en que se podría tomar esta medida de retirada de producción si la suma de existencias iniciales y las estimaciones de la campaña 26/27 suponían el 120% de la media de la suma de las seis campañas anteriores.

Seis años irregulares como media

aceitunas

En cierto modo es una trampa al solitario porque venimos de seis campañas irregulares, especialmente entre los años 2022 y 2024, donde hubo dos de las peores campañas modernas –sobre todo la del 22/23, con apenas 665.700 millones de toneladas– y la de 23/24 con 850.200 millones de toneladas.

En los dos ejercicios anteriores, el tono se recuperó. La cosecha de 24/25 se remató con 1,41 millones de toneladas y la última –la de 25/26– fue algo inferior pero positiva con 1,3 millones de toneladas. La cuestión es que en 26/27 quedan existencias previas y, además, se estiman esos 1,6 millones de toneladas, por lo que habrá aceite para dar y tomar.

producción

Porcentaje respecto al año anterior

2020/21

1.390.000

_

2021/22

1.493.000

+7%

2022/23

665.700

−55 %

2023/24

850.200

+28 %

2024/25

1.415.400

+66 %

2025/26

1.305.828

−8 %

Ahí mete mano el gobierno para permitir la retirada en las almazaras de 188.000 toneladas de aceite. Todo parte de que, ante la buena previsión de campaña, sumada a que a finales de octubre había aún en existencias nada menos que 357.040 toneladas de aceite, supondría un riesgo para el agricultor.

¿Qué sucede en el lineal?

aceite

Además, no se trata de algo opcional. Cada almazara debe aplicar la obligación de retirada del 12 % sobre su producción mensual acumulada de aceite de oliva, independientemente de su categoría. No obstante, sí pueden decidir la categoría de aceite que retirarán del mercado.

Ahora bien: ¿afecta esto a tu bolsillo? Pues, a priori, sí. La medida está pensada para controlar precios en origen, una queja recurrente del sector agrario, donde la cadena de valor a veces apenas da para cubrir costes en años malos y que, en años buenos, no siempre repercute de la misma manera en el agricultor. Lo que sí está claro es que la retirada de producto, al mermar la oferta disponible, no supondrá que la bajada de precios se manifieste en el lineal.









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