El pueblo de Burgos con uno de los monasterios medievales más espectaculares y poco visitados de España, con panteón real, claustro gótico y atrevidas bóvedas

Es uno de los monumentos histórico-artísticos más impresionantes y de mayor riqueza de Castilla y León, y de toda España

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Liliana Fuchs

Editor

Quienes que tienen la suerte de adentrarse en el Monasterio de San Salvador de Oña, en la provincia de Burgos, son unánimes. Parece mentira que una joya histórica de tal calibre sea prácticamente desconocida y reciba tan pocas visitas. Nadie quiere masificaciones, pero el patrimonio necesita que se conozca, se apoye y se divulgue para asegurar su conservación. Por suerte, este monumento se mantiene en plena forma esperando a cautivar a nuevos visitantes.

A una hora de distancia de la ciudad de Burgos se encuentra el coqueto pueblo de Oña, una villa de origen medieval asentada en un valle de gran belleza al norte de la provincia, en el límite de la comarca de La Bureba. Cuenta con unos mil habitantes y en el pasado fue un próspero enclave que llegó a albergar una relevante aljama judía. Pero es el imponente monasterio el verdadero núcleo y corazón del pueblo, fundado como abadía benedictina en los albores del siglo XI.

Declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931, el Monasterio de San Salvador de Oña es uno de los conjuntos monumentales y religiosos más influyentes en los orígenes del reino de Castilla, destacando por ser destaca por ser panteón condal y real, así como por conservar un extraordinario patrimonio  que combina arquitectura y arte románico, gótico hispano-flamenco, mudéjar y barroco. Todo un viaje por la historia castellana.

Claustro

Fue fundado en el año 1011 por el el tercer conde independiente de Castilla, Sancho García, y su esposa, la condesa Urraca, como un monasterio familiar y dúplice que acogía a monjes y a monjas. Pusieron como primera abadesa a su hija, la infanta Tigridia. Sin embargo, en 1033 el rey Sancho III el Mayor de Pamplona tomó el control de la zona, expulsó a las monjas y vinculó la abadía a la orden benedictina y a la regla cluniacense.  Este monarca, además, a través de su matrimonio influyó decisivamente en el devenir de la monarquía castellana, y es una de las varias figuras históricas que yacen sepulcradas en el panteón real y condal.

La visita al monasterio

Debido a la baja afluencia de público, los horarios de visita no son muy amplios y conviene revisarlos antes de acudir; la entrada cuesta apenas 4 euros para los adultos, e incluye una audioguía, imprescindible para conocer bien y comprender  la importancia de cada rincón del monumento. Aún más recomendable es hacer la visita guiada los sábados y festivos, que suelen ser muy bien valoradas por el público.

El recorrido comienza ya con la imponente fachada y su gran pórtico románico, cubierto con una bóveda ilustrada con motivos de la Pasión hispano-flamencos. La puerta gótico-mudéjar de madera de nogal da paso al interior de la iglesia, que impresiona por sus grandes proporciones que casi se asemejan al templo de una catedral, pues tiene 83 metros de largo, 20 de ancho y nada menos que 18 de alto.

Monasterio

Destaca en el muro de la epístola el bellísimo fresco de estilo gótico lineal que representa la vida de San María Egipciaca con un estado de conservación sorprendente, descubierto de casualidad durante unas obras en 1970.

En el crucero, sobre la capilla de Santa Catalina, cobra gran protagonismo el gran órgano barroco del año 1786, que tiene más de 1.100 tubos, que todavía se utiliza para la celebración de conciertos. También son magníficas las sillerías del coro, que preceden a la gran joya de la iglesia, la espectacular capilla mayor, con su atrevida bóveda de 400 metros cuadrados, diseñada por Juan de Colonia y plasmada por Francisco Díez de Presencio en 1450. Este espacio alberga el actual panteón de la realeza castellana, muestra única en Europa del arte funerario medieval al estar construidos en nogal y boj con tallas minuciosas.

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El retablo del altar mayor recuerda en su majestuosidad al de una catedral, elaborado ya siguiendo el estilo barroco de la época en forma de arco triunfal lleno de imágenes iconográficas. En el camarín se conservan frescos realizados por Francisco Bayeu, cuñado de Goya.

Además del templo, la visita al monasterio incluye la sacristía herreriana, hoy museo, con las mortajas del príncipe García elaborada en Almería en el primer tercio del siglo XII; y la del conde don Sancho García, de época califal, con seda e hilo de oro. También se ha musealizado la sala capitular románica, antesala del bello claustro gótico de Simón de Colonia, profusamente decorado, también salpicado de sepulcros y cubierto por bóvedas de crucería.

Imágenes | Monasterio de Oña

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