Cuando se reforma una vivienda es habitual que la atención se centre en elegir azulejos, encimeras, griferías o el color de las paredes. Sin embargo, los profesionales del sector recuerdan que una reforma bien ejecutada empieza por aquello que no se ve: las instalaciones que quedan ocultas tras los tabiques.
Uno de los errores más frecuentes consiste en renovar únicamente las tuberías de la cocina o del baño aprovechando la obra, pero mantener intacta la instalación que lleva el agua desde el contador hasta esas estancias. A corto plazo puede parecer un ahorro, aunque con el paso del tiempo suele convertirse en una fuente de problemas.
El experto en reformas de @reformasmecea David Carrillo insiste en que la prioridad debería estar siempre en las instalaciones. De poco sirve estrenar una cocina o un baño completamente nuevos si el agua sigue circulando por conducciones antiguas que llevan décadas funcionando.
En muchas viviendas construidas hace años, las tuberías generales presentan desgaste, incrustaciones de cal o corrosión interior. Aunque los últimos metros de la instalación sean nuevos, el estado del resto de la red puede afectar tanto a la presión como a la calidad del suministro y aumentar el riesgo de averías.
Por este motivo, los especialistas recomiendan que una reforma integral incluya la sustitución completa de la fontanería desde la llave de entrada o el contador hasta todos los puntos de consumo de la vivienda. De esta forma se elimina cualquier tramo antiguo susceptible de provocar fugas en el futuro.
Las técnicas actuales permiten realizar este tipo de renovación con menor impacto que hace años. En muchas rehabilitaciones las nuevas conducciones discurren por falsos techos o patinillos técnicos, desde donde se distribuyen hacia baños, cocinas o lavaderos sin necesidad de levantar toda la vivienda.
Las canalizaciones antiguas quedan fuera de servicio mientras la casa pasa a disponer de una red completamente nueva, diseñada con materiales más resistentes y adaptada a las exigencias actuales de eficiencia y mantenimiento.
Otro aspecto que los profesionales destacan es el ahorro a largo plazo. Una fuga en una tubería vieja situada bajo el pavimento puede obligar a romper un baño recién reformado o una cocina recién instalada, multiplicando el coste de una reparación que podría haberse evitado durante la obra inicial.
Antes de decidir acabados o mobiliario, conviene revisar el estado de las instalaciones ocultas. Aunque sean invisibles una vez terminada la reforma, son las que determinarán si la vivienda sigue funcionando sin incidencias durante las próximas décadas.
Por ello, los expertos coinciden en que una reforma bien planificada no debe quedarse solo en lo estético. Renovar la red de fontanería desde su origen supone una inversión que mejora la seguridad, evita futuras averías y garantiza que el resultado final no solo sea bonito, sino también duradero.
Fotos | Immo Wegmann en Unsplash | Vía @reformasmecea
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