Sabemos que el exceso de azúcares libres en la dieta es perjudicial en todas las edades, y que limitar su consumo en la infancia reduce el riesgo de que se desarrollen enfermedades cardiovasculares, a menudo vinculadas con la obesidad o la diabetes. Lo que no sabíamos es que los niños que apenas comen azúcar tienen menos riesgo de desarrollar cáncer en la vida adulta, y que, de hecho, crecen más sanos y su organismo envejece más lentamente.
Disponer de datos que puedan sostener la evidencia científica que explique esta relación causal es difícil, pero un nuevo estudio ha dado con la clave: los racionamientos de la Segunda Guerra Mundial. El azúcar, y sus alimentos derivados como dulces y chocolatinas, es de los primeros alimentos que se racionaron al estallar el conflicto en tierras británicas, y también de los últimos en reincorporarse a la dieta normal.
Las restricciones arrancaron en 1938 y comenzaron a levantarse gradualmente tras el final de la guerra, empezando por el pan y la harina en julio de 1948, seguidas de la mermelada y la fruta en conserva o seca en 1950. El azúcar y los dulces dejaron de estar racionados en septiembre de 1953; las grasas, el arroz, el queso, la carne, la leche y los cereales siguieron racionados casi un año más, hasta julio de 1954.
Aprovechando ese cese repentino del racionamiento del azúcar, investigadores de la Universidad de Agricultura de Pekín y de la Universidad de Cambridge han analizado los datos de 64.761 personas obtenidas del UK Biobank nacidos a principios de la década de 1950. Y han descubierto que las cohortes cuyos primeros 1.000 días de vida se desarrollaron bajo el racionamiento muestran reducciones en la incidencia de cáncer en la edad adulta, especialmente de hígado, recto, pulmón, próstata y mama.
Además, esa reducida exposición al azúcar en los infantes se prolonga a lo largo de toda la vida, convirtiéndose en adultos que, en general, ingieren menos azúcares. Así, desarrollan menos apetencia o gusto por el dulce, pues consumen menos azúcar, comen en cantidades más reducidas y mantienen dietas más saludables y variadas hasta cinco décadas después. Además, biológicamente muestran un menor envejecimiento biológico, con una menor activación inmunitaria crónica.
Los autores afirman que sus hallazgos aportan pruebas causales que relacionan el consumo de azúcar en las primeras etapas de la vida con el cáncer, e identifican una vía conductual a través de la cual los entornos nutricionales tempranos pueden determinar el riesgo de padecer enfermedades a lo largo de toda la vida. Por tanto, concluyen, estos resultados deben tener implicaciones directas a la hora de aplicar políticas de reducción del consumo de azúcares añadidos, así como a la hora de abordar la nutrición infantil.
Referencia
Chen Zhu, Weilong Zhang. Early-life sugar restriction causally reduces adult cancer incidence and slows biological ageing. August 4, 2026 123 (32) e2610287123. https://doi.org/10.1073/pnas.261028712
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