Basta con acercarse mínimamente al arte medieval para comprobar que aquellos siglos poco tenían que ver con esa imagen de época oscura que aún perdura como mito. Y no hace falta citar la grandeza deslumbrante del gótico para reivindicarlo; en la escala más humana y apegada a la tierra del prerrománico se descubre una belleza inusitada que conmueve hasta en el rincón más remoto, como puede ser una tranquila parroquia gallega junto al río Miño.
Francelos, o, si nos atenemos al nombre oficial, Santa María Madanela de Francelos, es pueblo y parroquia homónima situada en el municipio de Ribadavia en la provincia de Ourense. Un bonito pueblo sencillo como tantos otros de los que salpican el interior de Galicia, pero que esconde en su territorio una de las joyas más desconocidas de nuestro patrimonio nacional, la iglesia de San Xés (San Ginés) de Francelos.
Iglesia, capilla o ermita, pues se trata de una construcción tan enigmática como única en su tipología, una de las mejores muestras de arte prerrománico en su categoría de nuestro país y de Europa, y de las pocas iglesias de este periodo que han sobrevivido en Galicia. Declarada Monumento Nacional en 1951, y por tanto pasando a formar parte del catálogo de Bienes Culturales en 1985, esta iglesia sigue sorprendiendo a día de hoy a los investigadores y amantes del arte medieval.
Como ejemplo del prerrománico, sus dimensiones son modestas, pero es en el estudio de su planta y diseño arquitectónico donde surgen sorpresas, y, sobre todo, la magia que atrapa está en los detalles para los que hay que acercarse a observar con calma.
Se conoce como iglesia y ha ejercido como tal, convertido su interior en lugar donde se han oficiado los cultos católicos habituales, pero en realidad formó parte de un complejo más grande del que solo se pueden hacer especulaciones, a falta de fuentes más fidedignas que confirmen las teorías de los historiadores.
Se cree que formaría parte en su origen de un monasterio o convento de monjas benedictinas, pues en un documento del año 993 se cita el monasterio de Francelos, donde habría probablemente un templo mayor anterior a esta capilla, de estilo prerrománico asturiano. El edificio que se conserva hoy se habría levantado entre los años 850 y 910; en 1156, a partir del siglo XV tiene la advocación de La Magdalena, para después llamarse iglesia de San Xés o San Ginés.
Es una construcción, decimos, pequeña, rectangular, de apenas 9,9 m. de largo por 6,9 m. de ancho, con su orientación canónica hacia el este. Destaca, sin duda, la fachada occidental, con una portada en la que la puerta de acceso, con arco de medio punto, está enmarcada por grandes dovelas, un pequeño tímpano y dintel también dovelado.
Lo más interesante aparece en los elementos decorativos escultóricos que dan vida a la rugosidad de la piedra con la que fue construida. Destacan las semicolumnas con decoración vegetal y capiteles de pencas que imitan las hojas de acanto de los capiteles corintios romanos. Estos se extienden a ambos lados del muro con sillares decorados con bajorrelieves que representan escenas bíblicas, que podrían ser la Huida a Egipto y la Entrada a Jerusalén, ya que aparece en ambas un personaje aureolado montado en un burro, con más figuras humanas abriéndole paso.
De enorme belleza y maestría técnica es el pequeño ventanal que se abre con una celosía de piedra muy bien conservada, acanalada con flores o estrellas de ocho segmentos más tres pequeños arcos de herradura. Además, está enmarcada por una elegante cenefa de medio punto decorada con zarcillos ondulantes y fórmulas sogueadas que remiten al prerrománico asturiano. Pequeñas figuras de aves picoteando frutos rematan el conjunto.
Las gruesas pilastras que se encuentran en la fachada norte dan una idea de las dimensiones mayores que pudo tener el edificio completo original, mientras que el interior de la capilla carece de elementos prerrománicos, cubierto con una cubierta de madera y en un único espacio rectangular. Aún así, si coincide la visita con encontrar la puerta abierta al ser horario de culto, merece la pena entrar con respeto.
San Xés de Francelos merece un desvío en cualquier ruta de la zona para contemplar una obra única de enorme valor patrimonial, que todavía guarda muchos secretos e incógnitas para los investigadores. Resulta sorprendente su estado de conservación y la calidad de la decoración en bajorrelieve, así como la mezcla de tres estilos en una obra tan pequeña, pues combina elementos asturianos, mozárabes y visigóticos. Es, sin duda, una obra única.
Imágenes | Wikimedia Commons/Ángel M. Felicísimo/Jose Antonio Gil Martínez