Durante décadas, cubrir un patio con cemento u hormigón parecía la solución más práctica: una superficie uniforme, resistente y fácil de utilizar para colocar una mesa, unas tumbonas o crear una zona de paso, algo así como a grandes males, grandes remedios. Sin embargo, el jardín completamente pavimentado empieza a ceder terreno a diseños que recuperan una estética muy reconocible de los años 70.
La idea consiste en evitar grandes superficies continuas y combinar materiales. Grava, piedra, losas colocadas de forma discontinua, adoquines con juntas abiertas y zonas de vegetación permiten crear caminos y espacios de descanso sin convertir todo el exterior en una única plataforma impermeable.
Una lectura climática
Además de recuperar un aspecto más orgánico, esta distribución puede tener ventajas prácticas en un escenario atomizado por las olas de calor constantes. Una gran superficie de hormigón expuesta al sol absorbe energía durante las horas de mayor radiación y posteriormente libera parte de ese calor, algo especialmente perceptible en patios sin árboles ni elementos que proporcionen sombra.
También cambia lo que ocurre cuando llueve. Mientras una superficie impermeable obliga al agua a desplazarse hacia los puntos de evacuación, determinados pavimentos permeables permiten que parte del agua se infiltre en el terreno, siempre que tanto el material como las capas inferiores estén correctamente diseñados para ello.
Una de las fórmulas consiste en reservar las superficies más resistentes para las zonas que realmente las necesitan y aligerar el resto, siempre según su uso. Una entrada de vehículos, por ejemplo, tiene exigencias diferentes a un pequeño sendero entre plantas o al rincón donde se coloca una mesa.
Las posibilidades son numerosas: losas separadas sobre grava, adoquines permeables, bloques con huecos que permiten incorporar vegetación o superficies de grava estabilizada. El resultado rompe visualmente con el pavimento continuo y permite delimitar diferentes usos dentro de un mismo jardín.
Ojo al peso y al tránsito
Eso sí, sustituir el hormigón por piedras sueltas no basta. La preparación de la base resulta fundamental para evitar hundimientos, desplazamientos o zonas embarradas después de episodios de lluvia. El sistema debe elegirse también teniendo en cuenta el peso y el tránsito que tendrá que soportar.
Y lo retro tampoco significa olvidarse del mantenimiento. Las juntas pueden acumular tierra y hojas, mientras que la grava puede desplazarse con el paso si no dispone de elementos de contención. El regreso de estos patios de inspiración setentera tiene menos que ver con la nostalgia que con recuperar exteriores donde piedra, tierra y vegetación vuelven a compartir espacio.
Fotos | En Pexels: Stiven Rivera,Max Vakhtbovych y Đan Thy Nguyễn Mai.
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