Estos son los cuidados básicos para que tus azaleas estallen en flores la próxima primavera

Suelo ácido, riego preciso y temperatura estable: el triángulo de la floración con forma de trompeta

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Joana Costa

Editor

Las azaleas son apreciadas por su floración intensa, pero también temidas por su fama de plantas complicadas. En realidad, su problema no es la dificultad, sino la especificidad de los cuidados

Esta especificidad hace que sea casi automático que, cuando no florecen, casi siempre sea porque alguna de sus condiciones básicas no se está respetando. En esta materia, no hay atajos ni trucos rápidos y para hacerse con une de estas, famosa por sus abundantes y vistosas flores en primavera, con colores como rosa, blanco y rojo, es importante tener en cuenta ciertos pasos.

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En concreto, el sustrato ácido es imprescindible para esta planta originaria de Asia. Un pH inadecuado bloquea la absorción de nutrientes esenciales como el hierro, afectando a su desarrollo.

El riego debe mantener la humedad constante sin encharcar. Así, tanto la sequía como el exceso de agua afectan directamente a la formación de botones florales, por lo que es importante controlar bien el riego.

Cuidado con el agua con cal

El agua con alto contenido en cal puede provocar clorosis. Por eso, expertos recomiendan usar agua de lluvia o baja en minerales siempre que sea posible. Las azaleas lo agradecerán. 

En cuanto a la iluminación, la luz debe ser abundante pero filtrada. El sol directo intenso daña hojas y flores (que tienen forma de trompeta), algo ampliamente documentado en estudios sobre plantas acidófilas.

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Por otro lado, las temperaturas frescas y estables favorecen la floración, por lo que es importante aprovechar esta época del año. Los cambios bruscos provocan la caída prematura de capullos.

Asimismo, el abonado específico para plantas acidófilas, aplicado tras la floración, ayuda a preparar el ciclo siguiente y asegurar una buena floración, así que es un paso que no hay que saltarse.

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En cuanto a la poda, esta debe hacerse siempre después de florecer, nunca antes, para no eliminar los brotes del año siguiente. Esto es algo que hay que tener muy en cuenta para no incurrir en graves errores que comprometan la planta.

Fotos | Pexels

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