El mito del pulverizador: el experto Moisés Castañeyra asegura que no sirve para dar humedad a tus plantas

Si las puntas de las hojas se ven secas, rociarlas es una perdida de tiempo 

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Inés Vazquez Noya

Editor

En el universo de las plantas de interior, el uso del pulverizador parece lo más adecuado y razonable. Muchos aficionados creen que, al rociar sus plantas con agua, están recreando el ambiente tropical que estas necesitan para prosperar.

Sin embargo, el experto en botánica y fundador de Moiplants, Moisés Castañeyra advierte sobre la ineficacia de esta práctica: "Pulverizar agua no aporta humedad real; en especies exigentes solo estarás mojando la hoja". Esta afirmación, tan contundente, pone en duda una creencia extendida entre los jardineros y propone replantear la diferencia entre mojar una superficie y elevar la humedad relativa del aire que rodea a la planta.

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El principal problema de la pulverización manual es su fugacidad. Según explica Castañeyra, el agua pulverizada sobre el follaje se evapora en cuestión de minutos, especialmente en hogares con calefacción o aire acondicionado, dejando la humedad ambiental en el mismo nivel crítico que antes.

Para especies exigentes como las calatheas, las alocasias o los helechos, este gesto no sirve de nada porque estas plantas absorben la humedad a través de sus estomas de forma constante, no por un "baño" repentino. El acto de mojar solo la hoja no resuelve el estrés hídrico ambiental; es más, puede favorecer la aparición de hongos o manchas foliares por el estancamiento de agua si no hay una ventilación adecuada.

A modo de alternativa para lograr un entorno verdaderamente saludable, el experto recomienda sustituir el pulverizador por métodos que garanticen una humedad constante. La opción más viable es el uso de un humidificador eléctrico, que genera una niebla fina y continua capaz de mantener la humedad relativa por encima del 50% o 60%. 

Si se busca una alternativa más natural, Castañeyra sugiere agrupar las plantas para que creen su propio microclima o utilizar platos con guijarros y agua, de forma que la evaporación sea lenta y constante hacia la base de las hojas. Lo importante está en la persistencia del vapor de agua en el aire, no en el rocío puntual sobre el tejido vegetal. 

Cuidar de las plantas de interior es entender que sus necesidades fisiológicas van mucho más allá de lo que el ojo percibe. Comprender que mojar no es lo mismo que humedecer es el primer paso según el experto, para evitar que las puntas de las hojas se sequen y para que las especies más exóticas se luzcan. 

Imagen | Prudence Earl

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