Si oyes grillos cantando por la noche en tu casa o en el jardín, esto es lo que significa y por qué puede ser una buena señal

Su característico sonido forma parte de su comportamiento reproductivo y suele aparecer en espacios donde encuentran vegetación, alimento y refugio

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Joana Costa

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Como una banda sonora necesaria, algunos sonidos que forman parte inevitablemente de las noches de verano. Ventanas abiertas, silencio en el jardín y, de repente, ese insistente "cri-cri" que parece salir de algún rincón imposible de localizar. La presencia ocasional de grillos es habitual y puede indicar que alrededor existen las condiciones necesarias para que sobreviva esta pequeña fauna.

Los grillos presentan una importante actividad nocturna y son principalmente los machos quienes producen ese sonido. El canto sirve para atraer a las hembras, pero también puede intervenir en el cortejo y en la comunicación con otros machos que ocupan el mismo espacio.

Vibraciones al frotar las alas

Y aquí aparece una de sus curiosidades: el grillo no canta con la boca. El sonido se produce mediante un mecanismo conocido como estridulación, en el que el insecto frota estructuras de sus alas anteriores. Las vibraciones resultantes generan ese sonido potente que podemos escuchar a varios metros de distancia.

La temperatura también influye. Los grillos son ectotermos, por lo que su actividad depende de las condiciones ambientales. En las noches cálidas pueden mostrarse especialmente activos, mientras que cuando bajan las temperaturas su ritmo disminuye y el canto puede llegar a desaparecer.

Así, escuchar algún grillo en el jardín no tiene por qué interpretarse como un problema. Vegetación, suelo con cierta humedad, restos vegetales y pequeños lugares donde esconderse proporcionan alimento y refugio tanto a los grillos como a otros animales, formando parte del pequeño ecosistema que puede desarrollarse alrededor de una vivienda.

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¿Intrusión o plaga?

Otra cosa es encontrarlos dentro de casa. Que aparezca un solo grillo no significa que exista una plaga: puede haber entrado accidentalmente por una puerta, ventana o pequeña abertura, especialmente durante una noche cálida.

Si empiezan a aparecer numerosos ejemplares de manera recurrente, entonces sí conviene comprobar qué está ocurriendo. Eliminar restos de alimentos, revisar zonas donde pueda acumularse materia orgánica y sellar grietas y puntos de entrada puede ayudar a evitar que encuentren refugio en el interior.

En el exterior tampoco es necesario convertir el jardín en un espacio completamente estéril para hacerlos desaparecer. Mantener la vegetación cuidada y evitar acumulaciones excesivas permite conservar cierto equilibrio. Unos cuantos grillos cantando al caer la noche son, en la mayoría de los casos, simplemente otra señal de que el jardín sigue teniendo vida y se encuentra en buenas condiciones.

Fotos | Petr Ganaj y Rafael Minguet Delgado

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