Cuando el frío aprieta y los días se acortan, los hogares del norte de Europa se convierten en auténticos refugios. No es casualidad: en países donde el invierno es largo, la decoración se ha afinado durante décadas para ofrecer confort sin caer en el exceso, premiando lo práctico. El resultado es un estilo reconocible, sereno y muy funcional.
La clave del enfoque nórdico no está en acumular textiles pesados, sino en usarlos con intención y acierto. Cada pieza tiene un papel claro dentro del conjunto y contribuye a crear una sensación de abrigo más visual que literal, algo especialmente útil en viviendas situadas en medio del hielo.
Aplicar estas ideas no exige grandes cambios ni inversiones importantes. Basta con observar cómo se combinan materiales, capas y colores para transformar la casa en un espacio más cálido sin perder ligereza.
Dos o tres plaids finos
Al contrario de lo que muchos puedan pensar, una de las bases del estilo escandinavo es el uso de capas ligeras. En lugar de una manta gruesa y dominante, se opta por dos o tres plaids finos superpuestos. Esta combinación aporta profundidad visual y permite regular mejor la temperatura según el momento del día.
Lana suave
Los cojines también se utilizan con criterio. Mezclar tejidos como algodón, lana suave o lino grueso introduce textura sin recargar. Los tonos claros, arena o grisáceos mantienen la armonía y evitan que el espacio se vuelva oscuro en los meses con menos luz natural.
Alfombras que abrigan
Las alfombras son otro recurso imprescindible. Colocarlas en la zona del sofá o bajo la mesa de centro ayuda a aislar del frío del suelo y crea una sensación inmediata de recogimiento. Las fibras naturales y el pelo, habituales en el estilo nórdico, aportan calidez sin resultar pesadas.
Cortinas vaporosas
La luz juega un papel tan importante como los textiles. Cortinas vaporosas en tonos claros permiten aprovechar al máximo la luz exterior, mientras que lámparas bajas con iluminación cálida refuerzan el ambiente sin necesidad de añadir más elementos decorativos.
Los textiles también se integran en el mobiliario de forma sutil. Un plaid colocado sobre el respaldo de una silla o un cojín grande apoyado en el suelo crea rincones acogedores sin alterar la estructura del espacio ni sobrecargarlo.
Tonos de base neutra
Otro gesto habitual es limitar la paleta de colores. Mantener una base neutra hace que cada textil destaque por su textura y no por su intensidad cromática, algo que contribuye a una sensación de calma muy característica del estilo nórdico.
Tomar estas ideas como referencia permite adaptar la casa al invierno de forma equilibrada. Con textiles bien elegidos y colocados, el hogar gana calidez y confort sin perder luminosidad ni sensación de orden.
Fotos | Pexels
En DAP | Adiós a las encimeras clásicas: el material elegante que dominará las cocinas modernas en 2026