La goma de la lavadora es uno de esos puntos ciegos de la limpieza doméstica: no se ve a simple vista, no suele entrar en la rutina semanal y, sin embargo, puede arruinar lavados enteros.
No es una exageración. Con el uso diario, en ese borde negro se acumulan humedad, restos de detergente y suciedad que acaban convirtiéndose en moho. Y de ahí salen los olores que, para sorpresa de muchos, terminan impregnando la ropa recién lavada.
Desde el perfil de Instagram Organiza de diez, las organizadoras profesionales Julia y Natalia insisten en que limpiar la goma no es un detalle menor, sino una parte clave del mantenimiento de la lavadora. Según advierten, esa goma puede estar drenando tu ropa limpia, y muestran cómo el moho y la humedad acaban siendo un foco constante de malos olores sin que nos demos cuenta.
Un lugar ideal para los problemas
El problema es que la goma reúne todas las condiciones para convertirse en un caldo de cultivo perfecto: oscuridad, humedad persistente y restos orgánicos, como pelo o piel. Si no se seca bien tras cada lavado o no se limpia de forma periódica, las bacterias se instalan sin hacer ruido.
El resultado suele aparecer semanas después, cuando la ropa empieza a salir con un olor raro que no se va ni con suavizante. Para evitarlo, estas expertas proponen dos métodos claros y muy diferenciados, según el estado de la goma.
El primero está pensado para mantenimiento habitual, cuando aún no hay manchas negras visibles ni olor intenso. El segundo es para cuando el moho ya ha ganado terreno y hace falta una intervención más contundente.
Oxígeno activo
El método más suave consiste en utilizar oxígeno activo en spray. Se pulveriza por toda la superficie de la goma, insistiendo especialmente en los pliegues interiores, que es donde más suciedad se acumula.
Tras dejarlo actuar unos minutos, basta con frotar suavemente con un cepillo de dientes viejo o un estropajo blando y retirar los restos con una bayeta húmeda. Es una opción eficaz para limpiezas frecuentes y preventivas.
Lejía diluida
Cuando el moho ya está instalado y aparecen las típicas manchas negras que no salen a la primera, Julia y Natalia recomiendan recurrir a lejía diluida. Eso sí, siempre con guantes y ventilando bien el espacio. Se aplica con cuidado, se deja actuar unos minutos, se frota y se aclara a fondo. No es una limpieza para hacer cada semana, pero sí una solución puntual cuando la goma está muy deteriorada.
Rematar con un ciclo vacío
Un detalle importante que subrayan tras cualquiera de los dos métodos es poner un ciclo de lavado del tambor sin ropa. Este paso sirve para eliminar posibles restos de producto que hayan caído dentro y evitar que acaben en el siguiente lavado. Es una forma sencilla de cerrar el proceso y proteger tanto la ropa como el electrodoméstico.
Más allá de la limpieza puntual, las expertas recuerdan dos gestos básicos que marcan la diferencia a largo plazo: ventilar y secar. Dejar la puerta de la lavadora entreabierta tras cada uso (cerrándola un poco más tarde) y pasar un paño seco por la goma reduce de forma notable la humedad acumulada. No hace falta obsesionarse, pero sí evitar cerrarla con el interior aún mojado.
Limpiar la goma de la lavadora no es una tarea vistosa ni especialmente agradecida, pero sí una de las más efectivas para mejorar el resultado de cada colada. A veces el problema no está en el detergente, ni en el programa elegido, ni en la lavadora en sí, sino en ese borde discreto que casi nunca se mira hasta que empieza a oler.
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