Es una buena noticia para el bienestar animal: México ha introducido una iniciativa de ley para prohibir la cría de cefalópodos en todo el territorio nacional. Estos son una clase de moluscos marinos que incluye a los pulpos, calamares, sepias y nautilos.
Presentada por la senadora Maki Esther Ortiz Domínguez (PVEM) y respaldada por una coalición internacional liderada por la Fundación Veg y el Aquatic Life Institute, el proyecto busca reformar la Ley General de Pesca Sostenible y Acuicultura.
Esta medida posiciona a México como el segundo país en América Latina, tras Chile, en legislar preventivamente contra la cría intensiva de pulpos, sumándose a una tendencia global que prioriza el animalismo y la salud ambiental frente a la expansión industrial desmedida.
El fundamento principal de la ley se basa en la evidencia científica y los resultados alarmantes de la única granja de pulpos operativa en el hemisferio occidental, ubicada en Sisal, Yucatán. Tras 12 años de funcionamiento, la instalación ha reportado tasas de mortalidad superiores al 52%, donde casi un tercio de las muertes se atribuyen al canibalismo animal derivado del confinamiento. Estos datos, sumados a la continua captura de especímenes silvestres y hembras preñadas, demuestran que el pulpo, es un ser de alta complejidad cognitiva y por esto, es biológicamente incompatible con el entorno de la cría intensiva.
Además del bienestar animal, la legislación busca proteger la salud humana y la economía local. Actualmente, el 100% del pulpo consumido en México proviene de la pesca artesanal, la cual se vería desplazada por una industria que contamina ecosistemas con efluentes y agota poblaciones de peces silvestres para alimentar a estos carnívoros. Bajo el enfoque de "One Health", el proyecto advierte sobre riesgos de resistencia antimicrobiana y el peligro de enfermedades zoonóticas como la paragonimosis, ya documentada en Yucatán.
El caso de México no es aislado; se une a ejemplos internacionales que incluyen leyes en estados de EE.UU. como Washington y California. Al invocar el principio de precaución, el Senado busca intervenir antes de que la industria escale a niveles irreversibles. La iniciativa reconoce formalmente la sintiencia de los cefalópodos (su capacidad de sentir emociones como placer, dolor o miedo) y admite que no existen métodos de sacrificio humanitarios, convirtiendo esta actividad en un riesgo innecesario para los ecosistemas y la reputación ambiental del país.
Al prohibir la cría de pulpos, México no solo protege a una especie extraordinariamente inteligente, sino que sienta un precedente vital: el avance económico no puede ocurrir a expensas de la integridad ecológica ni del sufrimiento animal.
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