Parte del encanto de viajar está en descubrir nuevos sitios donde comer y cenar, pero también puede ser algo frustrante y agobiante cuando no tienes ninguna referencia. A nadie le gusta llevarse un chasco en vacaciones, como tampoco le gustaba a Richard Feynman, físico teórico que, a falta de reseñas online, confiaba en las matemáticas para elegir el mejor restaurante.
Feynman (1918–1988), considerado una de las mentes científicas más influyentes y relevantes del siglo XX, galardonado con el Premio Nobel de Física en 1965, tenía una pasión especial por resolver problemas, incluso las disyuntivas más nimias que se pudieran presentar en la vida cotidiana de cualquier persona. Por ejemplo, a la hora de comer en una ciudad ajena, ¿es mejor repetir un sitio que conoces, o es preferible probar algo nuevo?
Planteó esta cuestión charlando con un amigo durante un almuerzo en la década de 1970, y, ni corto ni perezoso, se dispuso a aplicar sus conocimientos científicos para resolverlo. Y dio con la solución, pero lo hizo dejando la fórmula matemática plasmada en un manuscrito algo improvisado que nunca llegó a publicar, y con su característica letra indescifrable.
Indescifrable hasta ahora, pues un equipo formado por investigadores de las universidades de Princeton y Oxford han resuelto la fórmula, y décadas después sigue teniendo validez en el día de hoy. Según sus conclusiones, publicadas esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se plantea un dilema en forma de «problema de detención», es decir, una situación en la que es necesario decidir cuándo poner fin a una acción y comenzar otra.
Feynman indagó en este dilema mientras almorzaba con su amigo Ralph Leighton en un restaurante tailandés de California; Leighton dudaba entre elegir de nuevo su plato favorito, pollo al jengibre, o aventurarse a probar algo nuevo. Los investigadores han llevado la fórmula a un contexto más amplio, como una elección entre varios restaurantes, pues las matemáticas subyacentes son las mismas. De este modo, la solución del físico estadounidense puede aplicarse a ese problema común de hoy en día que todos tenemos cuando toca elegir dónde comer en terreno desconocido.
El premio Nobel ideó una ecuación que sirve de umbral con el que comparar el mejor restaurante en el que hayas estado hasta el momento, o el mejor plato que hayas probado. Comprueba si un local supera ese umbral cuando lo pruebes; en caso afirmativo, vuelve al día siguiente, pero si no lo alcanza, prueba algo distinto. Es un umbral de calidad que además va disminuyendo a medida que se acaban los días de vacaciones, porque te van quedando menos oportunidades para dar con ese supuesto magnífico restaurante. Es decir, te vas conformando con menos expectativas.
“Los umbrales se basan en lo mejor que podrías encontrar si sigues buscando”, explica a The Guardian Tom Griffiths de la Universidad de Princeton, coautor del estudio. “Si tienes mucho tiempo para buscar, encontrar algo excepcional tiene mucho valor porque puedes volver muchas veces”. Feynman parte de la premisa de que existen las mismas probabilidades de que un restaurante o un plato sea excelente o sea mediocre o malo. Pero los autores del estudio descubrieron que esa estrategia cambia cuando la distribución de restaurantes varía.
Por ejemplo, si en un barrio o ciudad hay muchos locales malos, el umbral de calidad es alto e indica que merece la pena explorar y probar sitios diferentes. Pero si esa ciudad se come, en general, muy bien, el umbral baja y no merece la pena hacer muchas exploraciones.
Los investigadores, que ya habían trabajado con la premisa de Feynman hace unos años, esta vez han incluido además un análisis de comportamiento. Para ello, pidieron a 2520 participantes que imaginaran que viajaban a una ciudad durante distintos periodos de tiempo, indicándoles además la variación en la calidad de los restaurantes disponibles. A continuación, se les dio una cuadrícula en la que cada casilla representaba un restaurante y se les pidió que eligieran uno para cada día. Una vez seleccionado, se revelaba su calidad.
Descubrieron que el umbral de calidad iba descendiendo de forma lineal con la proporción de noches que quedaban de estancia. “El truco”, concluye Griffiths, “está en establecer un umbral y luego irlo reduciendo a medida que te acercas al final. Y, siempre que se haga algo así, funcionará bastante bien”.
Simplificando mucho: si has empezado tus vacaciones, merece la pena aventurarte a probar cosas nuevas inesperadas; si te queda poco tiempo, ve a lo seguro, aunque no sea nada excepcional para no irte con mal sabor de boca.
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