Los ingenieros coinciden: esta es la forma correcta de llenar el lavavajillas para que el agua llegue seguro a todas partes

Un equipo de ingenieros de la Universidad de Birmingham analizó el funcionamiento de varios aparatos y llegó a una conclusión clara

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Joana Costa

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Liliana Fuchs

Lavar los platos es una ardua tarea que cada día tenemos que afrontar en el hogar: ese desagradable momento que muy pocos disfrutan y que tanto cuesta de sacar adelante.

Para ello, el lavavajillas nos hace un enorme trabajo y sustituye ese frotar pesumbroso en un enérgico quehacer en el que solo tenemos que aportar una acción de rellenar.

Y eso es exactamente: rellenar el lavavajillas es lo único que hay que hacer. Nada de aclarar los platos y nada de prelavarlos a mano, sino que basta con pasar una servilleta para eliminar la comida.

Los lavavajillas están preparados para todo, pero por encima de todas las cosas, para neutralizar los restos de grasa y eliminarlos, sin necesidad de encontrarse con platos previamente aclarados.

Lo único que haremos al aclarar los platos previamente será gastar agua y energía en vano, pues sin este gesto que también consume nuestro tiempo ya sería más que suficiente para obtener buenos resultados.

El detergente y las elevadas temperaturas que este alcanza harán el resto siempre que los platos estén bien puestos. Ese es el gran quid de la cuestión para no equivocarse.

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Cómo llenar el lavavajillas

Un equipo de ingenieros de la Universidad de Birmingham analizó en 2015 el funcionamiento de varios aparatos, estudiando el movimiento y la fuerza del agua en estados de carga y vacíos. Las conclusiones indican que el mejor sistema para distribuir los platos sucios debería ser circular, comenzando desde el centro.

La mayoría de lavavajillas expulsan chorros de agua directamente al centro, y desde ahí se sigue un movimiento circular hacia el exterior, pero algo caótico. De hecho, la mayoría de espacios reciben agua dispersa, como si fueran pequeñas cataratas, mientras que el impacto directo de chorros sólo es efectivo en puntos muy concretos.

Lo lógico entonces es colocar directamente en el centro de la bandeja los platos más sucios y menos delicados, aunque también depende del tipo de mancha. Y es que cada suciedad puede necesitar una mayor acción mecánica o química para limpiarse correctamente. Tampoco ayuda sobrecargar el aparato, pues dificultaría el movimiento del agua.

Por ejemplo, las manchas fuertes de proteínas, como la yema de huevo, necesitan una mayor acción directa del agua, mientras que otras como el tomate requieren que el detergente tenga más tiempo para actuar, por lo que lo ideal sería colocar estas últimas en la zona exterior, donde el agua tarda más en llegar y lo hace con menos fuerza.

En definitiva, se trata de imaginar círculos concéntricos cuyo centro recibe la mayor potencia de agua. En cualquier caso, los investigadores reconocen que la industria tiene actualmente muchos defectos y están trabajando con algunos fabricantes para diseñar modelos futuros más efectivos. ¿Vosotros tenéis lavavajillas en casa?

Foto | Wendelin Jacober/Joana Costa

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