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Ventresca de bonito al pimentón. Receta

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Algunos de ustedes recordarán que el otro día no me pude resistir a llevarme a casa un bonito entero que me puso “ojitos” detrás del escaparate. Con los lomos hicimos para comer un sushi al estilo de Tokio y reservamos las ventrescas para otra ocasión.

Pues bien, hoy las cocinamos con unos ajitos y pimentón: Ventresca de bonito al pimentón.

Pasen y vean, amigos.

Los ingredientes (para 2 personas)

2 piezas de ventresca de bonito, 2 dientes de ajo, pimentón rojo dulce, 1 guindilla o chile, aceite de oliva virgen extra (AOVE) y vinagre de vino blanco.

La preparación

Primero debemos dejar bien limpias las ventrescas cortando el pescado tal como nos mostró nuestro amigo Pintxo en su curso de cocina. Una vez despedazadas las reservamos.

En una sartén confitamos unos ajos cortados en láminas y una punta de guindilla. El aceite no debe ser muy caliente para que los ajos no se quemen ni doren demasiado. Un poco de paciencia para que queden bien confitados y el aceite adquiera todo su sabor. Si no les gusta el picante, pueden obviar la guindilla. Por supuesto.

Cuando los ajos están bien confitados, los sacamos con el aceite y reservamos. En la misma sartén, y con un poco del aceite de la cocción, marcamos las piezas de pescado, primero por la parte de la piel, que quede bien crujiente, y después del otro lado. Sólo con unos minutos será suficiente.

Cuando es pescado está en su punto, bajamos el fuego y vamos tirando el aceite con los ajos por encima. Le añadimos un poco de pimentón dulce (mejor se es de la Vera) y continuamos emulsionando el aceite, con los ajos, y el pimentón. Finalmente, le añadimos un chorrito de vinagre de vino blanco (u otro suave) y dejamos evaporar.

Ya sólo quedará emplatar y servir caliente.

Ventresca de bonito al pimentón

La degustación

El pimentón de la Vera le da al plato un toque ahumado muy interesante. Además, con el vinagre, los ajos y la guindilla, se convierte en un pura sangre. No apto para cardiacos. Sabores fuertes y aromáticos, que recuerdan a los escabechados. No caben medias tintas: o les va a encantar o lo van a aborrecer. Ustedes dirán.

Para beber un blanco quizás se nos quedaría corto, por eso, esta vez lo tomamos con una cariñena del Rosellón bien especiada y con toques ahumados como el pimentón: Léon Barral Faugères Jadis 2004. ¿Porqué no?

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