Comer mucho azúcar es malo, pero eliminarlo por completo podría ser aún peor en una dieta baja en grasas

Un estudio reciente examina las consecuencias que tiene en la salud seguir una dieta baja en grasas y sin consumir sacarosa

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Liliana Fuchs

Editor

Comer mucho azúcar es malo, y solemos abusar sin darnos cuenta. El mensaje que se nos ha transmitido desde las organizaciones de salud ha calado tanto, que se ha llegado al extremo de afirmar que el azúcar es veneno y casi origen de todos los males de la salud, pero se nos olvida que sigue siendo un nutriente esencial. Y prescindir por completo de él puede tener consecuencias más perjudiciales que comerse un dónut de vez en cuando.

Así lo apunta un reciente estudio publicado en Frontiers in Immunology, que, a pesar de haberse realizado en laboratorio con ratones, ofrece una interesante perspectiva sobre los riesgos de reducir la alimentación a nutrientes aislados, las calorías o el pesocentrismo.

Según los resultados de la investigación, realizada por investigadores de la Universidad de Helsinki y del Instituto de Diabetes Dasman, de Kuawit, llevar una dieta baja en grasas y sin sacarosa puede provocar una disfunción metabólica en el organismo, a través de la disbiosis intestinal —desequilibrio de la microbiota— y la inflamación del colon.

Los ratones, sometidos durante 16 semanas a una alimentación controlada muy baja en grasas, y con total ausencia de azúcar, parecían mostrar un buen estado de salud, pero un análisis más profundo de su organismo reveló que algo estaba fallando en su metabolismo. Los efectos más claros se revelaron en el intestino, pues habían perdido la capacidad de procesar y eliminar la glucosa de la sangre. Es decir: su microbiota había entrado en crisis. 

Las bacterias beneficiosas que habitan en el intestino necesitan alimento para mantenerse en buen estado de salud, multiplicarse en un número adecuado y sostener ese ecosistema vivo con equilibrio. Y dependen de azúcares simples para poder sobrevivir. Gracias a los carbohidratos que ingerimos, las bacterias intestinales los convierten en subproductos beneficiosos para la mucosa intestinal, que garantiza la correcta absorción de nutrientes. También contribuyen a la liberación de hormonas esenciales, como las que regulan el apetito y mejoran la respuesta a la insulina.

Azucar

Si las bacterias no reciben el alimento que necesitan, pueden llegar a morir, provocando efectos perjudiciales en la salud el organismo que pueden pasar desapercibidos a simple vista. Es más, como explican en The Conversation, otras bacterias pasan a ocupar el lugar que dejan, microorganismos dañinos que provocan un intestino permeable, atravesando la pared intestinal y desencadenando respuestas inmunitarias perjudiciales.

Este estudio, que lógicamente tiene sus limitaciones, no sugiere que no debamos controlar la ingesta de azúcares añadidos ni el exceso de grasa, pero sí llama un poco a la calma respecto a lanzar mensajes demasiado radicales. Una vez más, se demuestra que, en individuos sanos, la clave de una alimentación saludable es el equilibrio y la moderación, la apuesta por una dieta variada que nos asegure la ingesta adecuada de todos los nutrientes esenciales.

Declarar la guerra al azúcar, a la grasa o a los carbohidratos sin tener en cuenta el conjunto de la dieta y hábitos, puede terminar teniendo el efecto contrario del deseado.

Referencia

Almansour, Kochumon, Al-rashed, Malik, Shenouda, Thomas, Arefanian, Nizam, Jacob, Al Madhoun, Tuomilehto, Al Mulla and Ahmad, Sucrose-Free Low-Fat Diet Induces Metabolic Dysfunction through Gut Dysbiosis and Colonic Inflammation in Mice, Front. Immunol. Sec. Nutritional Immunology.

Imágenes | Magnific/jcomp

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