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La carne es el nuevo tabaco, y tendrá su impuesto: “Hay consenso en que es dañina para la sociedad”

La carne es el nuevo tabaco, y tendrá su impuesto: “Hay consenso en que es dañina para la sociedad”
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Cuando le hincamos el diente a un filete no pensamos en el proceso que lo ha llevado a nuestro plato. Y, quizás, si lo tuviéramos en mente comeríamos mucha menos carne. La ganadería produce más gases de efecto invernadero que todos los trenes, aviones y vehículos del mundo.

La carne, en concreto la conocida como “carne roja” (sobre todo la de ternera), tiene además un importante impacto sobre la salud. Su consumo cada vez más elevado está asociado a una mayor incidencia de la obesidad, la diabetes tipo dos, y como apunto el polémico informe de la OMS de hace unos años, el cáncer.

Un impacto sobre la salud y el medio ambiente –no solo por las emisiones de gases, también por el consumo de agua y suelo– que está aumentando vertiginosamente. El crecimiento de la población ha elevado el consumo mundial de carne en más de un 500% entre 1992 y 2016 y es probable que esta trayectoria continúe en el futuro, especialmente en los mercados emergentes. Por ejemplo, se prevé que la demanda de carne producida solo en Asia crecerá un 19% más hasta 2025. El sector de la ganadería industrial podría aumentar de los actuales 70.000 millones de animales a los 110 o 120.000 millones.

Es por todas estas razones por las que el organismo Farm Animal Investment Risk and Return (FAIRR) ha publicado un informe en el que anima a los gobiernos a valorar la creación de un impuesto sobre el consumo de carne. Y es una idea que ha llamado la atención del Foro Económico Mundial, que celebrará su reunión anual en Davos (Suiza) a finales de este mes.

Ganado

Si algo daña a la sociedad, necesita un impuesto

“El camino hacia los impuestos generalmente comienza cuando existe un consenso global de que una actividad o producto daña a la sociedad”, apunta el resumen ejecutivo del informe. “Esto lleva a una evaluación de sus costos financieros para el público, que a su vez resulta en un apoyo para algún tipo de impuestos adicionales. Los impuestos sobre el tabaco, las emisiones de carbono y el azúcar han seguido esta hoja de ruta”.

Hoy en día, 180 países tienen impuestos sobre el tabaco, 60 jurisdicciones fiscalizan las emisiones de carbono y al menos 25 el azúcar. La carne, asegura este informe, es la siguiente en la lista. Y hay países como Dinamarca, Suecia y Alemania que ya se lo están planteando.

“El de la carne es además un sector en el que se solapan los problemas del medio ambiente y la salud”, ha asegurado a Futurism Rosie Wardle, portavoz de la FAIRR. En su opinión, el impuesto ayudaría a aumentar el consumo de plantas, algo que sería positivo para nuestra salud y la del planeta.

Un nuevo impuesto sobre la carne “generaría dinero que podría gastarse en atención médica” asegura Waller, que apunta que “estamos viendo estas propuestas cada vez más” y el asunto está empezando a discutirse en la esfera internacional.

Solomillo

¿Carne solo para ricos?

Aunque la discusión sobre el enorme impacto de la ganadería industrial viene de largo, la posibilidad de imponer tasaciones al consumo de carne genera múltiples dudas. En primer lugar, a nivel nutricional, la carne roja solo es nociva si se consume en exceso, algo habitual en los países desarrollados, pero no entre los sectores más pobres de la sociedad.

“Si tienes un impuesto a la ternera, ¿a quién expulsarás del mercado?”, se pregunta Josef Schmidhuber, subdirector de la división de comercio y mercados de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). “A los que son más pobres. Y esa es una mala idea, porque penalizas a aquellos que necesitan aumentar su consumo de carne. Llamamos a este modelo 'impuesto regresivo'”.

La tasación, por el contrario, no afectaría en gran medida a los sectores más adinerados, que seguirían consumiendo carne. Esto es: el impuesto no serviría para atacar al grupo de consumidores que más contribuye al problema.

Dicho esto, de lo que no cabe duda es que, a medida que avance la ganadería industrial, su impacto será más evidente, y de una u otra forma se tomarán medidas sobre el asunto.

Quizás los días del chuletón están contados.

Imágenes | Pixabay
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