Sally Gunnell, exmedallista olímpica de 60 años: “Aumentar la ingesta de proteínas marca la diferencia. Activa el metabolismo, pero saltarse comidas lo ralentizan”

La medallista olímpica explica cómo cambió sus hábitos al llegar a la perimenopausia para fortalecer la masa muscular y ósea y un peso saludable

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Liliana Fuchs

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Si ya resulta complicado a cualquier mujer mantener hábitos sanos y un peso saludable conforme se cumplen años, para una exatleta puede ser un reto mayor. Dejar el deporte de alta competición supone readaptar el estilo de vida a otros ritmos, que de nuevo hay que cambiar cuando se llega a cierta a edad. Es lo que le ocurrió a Sally Gunnell poco antes de cumplir medio siglo, cuando en poco tiempo subió mucho de peso.

En España puede que no nos suene mucho el nombre de Sally Gunnell, pero sí la recordarán los más veteranos aficionados al atletismo. Especialista en las carreras de vallas, Gunnell ha sido una de las mejores atletas británicas, medalla de oro en los 400 metros vallas de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, oro y récord mundial en el Campeonato Mundial de Stuttgart de 1993 y única mujer en la historia en poseer de manera simultánea los cuatro grandes títulos de su especialidad: Juegos Olímpicos, Campeonato Mundial, Campeonato Europeo y Juegos de la Mancomunidad (Commonwealth Games).

Retirada del mundo deportivo en 1997, con 31 años, Gunnell ha compaginado su vida familiar —tiene tres hijos— con trabajos de comentarista deportiva, siendo además embajadora de diversos proyectos benéficos. Pero , como ha contado recientemente en una entrevista a The Telegraph, a los 47 años, tras coger más de 12 kilos en poco tiempo, se dio cuenta de que necesitaba readaptar sus hábitos, a pesar de que procuraba llevar una vida activa. Descubrió que estaba en perimenopausia y sus hormonas estaban cambiando.

Gunnell aprendió que necesitaba hacer menos ejercicio cardiovascular —se centraba en salir a correr— y mucho más entrenamiento de fuerza para evitar la pérdida de masa muscular y ósea. Además, empezó a prestar mucha más atención a su ingesta de proteínas y a la calidad global de sus comidas. La clave, señala, no es comer menos, sino comer mejor y en cantidad suficiente para evitar picar entre horas alimentos sin valor nutricional.

“Aumentar un poco la ingesta de proteínas marca la diferencia”, apunta la exatleta, “Sé que mucha gente habla de 100 g o 110 g al día, pero si siempre has consumido solo 20 g diarios, pasar a 40 g marcará una gran diferencia. Activa el metabolismo —mientras que las dietas y saltarse comidas lo ralentizan— y te mantiene saciada durante más tiempo”.

También confiesa cuál es su punto débil: las patatas y fritas y las salsas para mojar. Y se niega a renunciar a ellas. El único secreto es tomar estos caprichos de vez en cuando y no ver su consumo como una tentación pecaminosa. Igual que tampoco hay que castigarse por no cumplir con la rutina de entrenamiento algún día, porque “nadie puede ser perfecto todo el tiempo”. Desconectar de vez en cuando, por ejemplo para hacer algún viaje con las amigas, también puede ser positivo y saludable.

Imágenes | Facebook Sally Gunnell - Magnific/stockking

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