Me pesa en el alma, maleta y bolsillo tener dos teléfonos móviles. Al contrario de lo que podéis imaginar, no hago distinción entre personal y del trabajo, llevando casi toda mi 'vida' en uno solo.
Pero desde hace unos cuantos años, sobre todo cuanto más de lleno me adentré en el mundo del periodismo de viajes, me di cuenta de que no se puede andar por ahí con solo un teléfono móvil.
Puedes pensar que soy un fatalista o un agonías, y quizá tengas razón, aunque la realidad es que viajero prevenido –y precavido– vale por dos. Lo cierto es que muy posiblemente lleves repuestos de varias cosas en la maleta, vayas donde vayas, llenándola de por si acasos que, normalmente, tienen mucho más que ver con la ropa y el cómo vestir que con razones prácticas.
Por eso, cuando viajo, hay varios elementos que considero primordiales llevar por duplicado en el equipaje. Documentación, evidentemente. En mi mano, DNI o carnet de conducir; en la maleta, por si hiciera falta, algún otro documento acreditativo. Aparte de efectivo, para por si acaso.
Pero, sobre todo, tengo otro teléfono. No lo uso mucho, por no decir nada, pero lo tengo como backup del 'por si acaso' pasan cosas. En un mundo que nos obliga, si viajamos, a llevar casi toda nuestra vida en el smartphone de turno, la realidad es que perder nuestro único teléfono nos deja absolutamente vendidos. Más aún si estamos en el fin del mundo, pero también al lado de casa.
Puedes quedarte sin batería. Puedes perderlo. Te lo pueden robar. Se te puede caer sin que te des cuenta. Se puede dar un golpe contra una piedra mientras haces senderismo. Se puede mojar. Le puede dar un subidón de temperatura y quedarse fuera de servicio. Vamos, que le puede pasar de todo. Y luego, claro, todo lo que estaba allí de repente desaparece.
Por eso, nunca viajo sin un teléfono de repuesto. No hace falta que sea ni un último modelo de nada ni que tengas en él todas las apps del mundo. Lo único que tengo es una tarjeta sim, varios contactos de emergencia –familiares y amigos– y varias apps que te permitan un mínimo de funcionalidad.
En mi caso, si queréis imitarlo –o no–, son las siguientes:
- La app del banco
- El wallet (incluyendo tarjetas bancarias y tarjetas de embarque)
- El correo electrónico personal
- Un servicio de mensajería como Whatsapp
- La aplicación del DNI electrónico
- La aplicación de la DGT
- La tarjeta sanitaria de tu comunidad autónoma y, si tienes un seguro privado, la del seguro privado.
- Alguna app de viajes relevante (tipo Booking, aerolíneas, servicios de tren o de car sharing)
- Mapas (vale Google Maps o valen las aplicaciones nativas, pero procura que puedan funcionar sin cobertura o conexión)
Con eso, más o menos, puedes tener bastante autonomía en caso de que tu primer teléfono desaparezca. Lógicamente, la mejor idea es que ambos teléfonos tengan alguna interconexión y así no vivas en dos sistemas operativos diferentes, pero eso ya a tu gusto.
El último consejo es que, en tu primer teléfono, tengas una burbuja o carpeta que yo, personalmente, he llamado Backup y en la que están todas esas apps de primera necesidad para llegar a ellas sin complicaciones.
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