Siempre está la toponimia española cargada de contradicciones. En Molinaseca, en la comarca de El Bierzo, tampoco se libran de la paradoja de, aún con el pueblo bañado por el río Meruelo, el nombre sea una especie de sambenito.
Sin embargo, la realidad es que Molinaseca es un municipio verde, fresco y encantador que durante el verano cobra una nueva vida a costa de una playa fluvial que convierte este destino de interior en un pequeño paraíso en el que darse un buen chapuzón.
Pero no solo eso, claro. Situado en pleno Camino de Santiago –concretamente en la ruta francesa–, Molinaseca ha hecho de su ubicación una de sus razones de ser. No en vano, el puente de los Peregrinos, que permite atravesar el río Meruelo, es testigo mudo de este transitar centenario con un puente medieval del siglo XII, aunque es evidente que en el mismo lugar ya existía un puente romano.
El puente de los Peregrinos, de origen medieval, es la gran seña de identidad de Molinaseca.
Ruta clave para llegar a la cercana Ponferrada, la gran capital comarcal, Molinaseca no solo presume de puente o de ubicación jacobea, también de la monumental iglesia de San Nicolás de Bari, erigida en estilo neoclásico, que domina el acceso a la localidad desde sus imponentes muros de sillería y los remates en pizarra de sus tejados.
Plaza García Rey, en Molinaseca.
Es el negro el tono predominante en las construcciones bercianas, tierra de pizarras por antonomasia, y lo que da ese carácter homogéneo a las construcciones de la localidad, configurando un paisaje que contrasta entre los verdes de los robledales y castañares próximos, propios del Alto Bierzo, con la estética de la arquitectura vernácula berciana.
Casco histórico de Molinaseca.
Aquí, además, se come muy bien, casi como es habitual no solo en el Bierzo, sino en todo lo que atraviesa el Camino de Santiago francés. Parar en Molinaseca y no catar el botillo en restaurantes como María Cañas roza la categoría de sacrilegio, aunque aquí también preparan magníficas carnes a la brasa.
Botillo y garbanzos. ©María Cañas.
Con un ticket medio todavía más amable, Las Meigas de Josema, entre la iglesia y el río, ofrece también una comida sabrosa y casera donde el botillo de nuevo es protagonista. Sin embargo, en El Bierzo no es todo embutirse en los placeres botilleros, también es un territorio predilecto para disfrutar de las cerezas y, sobre todo, de los pimientos asados, uno de los ingredientes estrella de la región.
En Casa Ramón los bordan, sirviéndolos tanto en el restaurante como ofreciéndolos para su venta, convirtiéndose en uno de los souvenirs más recomendables de un territorio que habla en el lenguaje gastronómico también de cecinas y magníficos embutidos.
Imágenes | Turismo de Castilla y León