
Este fin de semana estuve comiendo en un restaurante muy frecuentado por familias. Un lugar con una zona exterior muy amplia en la que los niños pueden jugar mientras sus padres terminan de comer, se toman unos carajillos y cultivan la tertulia. En casi todas las mesas había padres, madres, abuelos y niños, muchos niños. Incluso algún cuñado despistado.
El caso es que mientras comíamos pudimos observar comportamientos muy diferentes. En algunas mesas los chiquillos comían sentados, bastante formales aunque sin olvidar su esencia, hablaban , bromeaban y reían mucho. Pero permanecían sentados y no se levantaron hasta que terminaron de comer. Sin embargo otros se tiraban al suelo entre bocado y bocado, deambulaban por el comedor para desesperación de los camareros, que a punto estuvieron de chocar con algunos de ellos, y jugaban al escondite debajo de cualquier mesa.
Como dato que nos sitúe aún más, prácticamente todos vestían ropas caras, iban pulcramente peinados con sus ondas, sus enormes lazos (ellas) y sus calcetines de perlé. No debería de ser así, pero a según que nivel económico se le supone un nivel parejo de educación. Pues en algunos casos ni rastro de ella.
Casi todos los niños comieron rápido y pronto el comedor se despejó, los padres se relajaron; ya podían hablar de sus cosas con libertad, y las criaturas se fueron a jugar al jardín. Al rato, comencé a ver unas sillas que parecían tener vida propia y que hubieran decidido saltar la tapia que lindaba con la finca vecina. Bajo las sillas, el grupo de niños las aupaban y tomando impulso las tiraban tras la valla.

No podía dar crédito, pues los padres pasaban del tema. O no se enteraban o no querían hacerlo. Al final los encargados del local fueron hacia los niños y como improvisados antidisturbios les recriminaron su actitud. Cuando salimos de allí, el grupo había dejado de lanzar sillas pero a cambio se habían hecho con un cargamento de piedras y las estrellaban contra unos depósitos metálicos. Son niños, esa es la justificación que dan muchos padres para defender y disculpar a sus hijos. Por supuesto, son niños, pero no por eso vale todo.
Esta es la manera que algunos padres tienen de agradecer que un restaurante disponga de un lugar de esparcimiento: dejar a los niños descontrolados y no vigilar su comportamiento. Dejar que, con la disculpa de que son niños (algo obvio), molesten a los demás comensales, y entorpezcan el trabajo del servicio, con riesgo de provocar algún desagradable accidente o desperfectos que nadie va a abonar.
Sí, los niños son niños, pero muchos saben comportarse y eso, señores, es una labor muy cansada, larga, aburrida, que algunos padres no están dispuestos a practicar.
Imagen vía | Pink Sherbet Photography
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Comentarios
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Después de muchos años como camarero diré que he visto muchas barbaridades respecto a este tema, y sí, la culpa es de los padres. Comprendo que pueda haber niños revoltosos e inquietos pero es deber de los educadores mantenerlos atendidos. En cuanto al comentario del nivel económico, y como regla general, es cierto, cuanto más adinerados suelen ser más consentidos, ¡aunque cuidado!, maldita la hora en que uno de estos mocosos se te cruce en el camino al ir de la cocina a servir una mesa con 5 platos y quemándote y se te caiga algo, haciéndole llorar o, incluso, sólo manchándole... la lían parda e incluso ponen reclamaciones cuando no han sabido hacer comportarse a sus queridos... y es que de tal palo tal astilla. Y llego también a la conclusión de que el cliente no siempre tiene la razón.
En varios restaurantes que he visitado disponen de un pequeño chiki-park o servicio de guardería y no te creas que los padres gastan por lo menos en ello sabiendo que no se van a hacer cargo hasta que salgan por la puerta. Manolete, Manolete si no sabes torear pa'que te metes.
Es un tema muy dificil, parece ser que hoy ya no puedes decir nada a nadie. Se han perdido los buenos modales, educación y falta de convivencia.Es un tema que he hablado muchas veces con amigos, vivo en un pueblo a las fueras de Barcelona que tiene todos los requisitos para vivir en familia, lo digo por que hay mas niños que habitantes adultos, tengo la "suerte" de verlos actuar muy amenudo en restaurantes y siempre ves el mismo paronama, niños por los suelos, no saben comer ni sentarse, camareros que hacen equilibrios con los platos, y padres que parece ser que han perdido las orejas y los ojos entre plato y plato, por que es más cómodo no ver ni oir, y poder estar a tus anchas con los amigos. Hace pocos años regentaba una ludoteca, por las tardes organizaba fiestas infantiles, os váis a creer que todas las que los niños venian de escuelas públicas o incluso de monjas religiosas fueron una delicia, no sabéis que dolores de cabeza por no decir úlceras de estómago me dieron las escuelas de élite, por qué es tal la mala educación y la impertinencia de los padres, que viéndolos a ellos entiendes muchos comportamientos de sus hijos.
cuanta razón tienes silvia, como bien dices aquí en Sant Cugat es muy frecuente encontrarte con esas situaciones, las veo a diario y eso que no vivo allí sino que solo estudio, pero igualmente no me "libro" de ellos!
natciero, de vegades es per donar-los de menjar a part, patètic
interesante
Gracias por los comentarios, es una pena pero lo que contais es bien real. Decir algo a estos padres es casi peligroso, pues realmente no quieren atender a los niños en esa situación, si lo hicieran no llegarían a esos límites. Así llegan luego los ninis y los niños que se crecen ante los padres y prorfesores al llegar a la adolescencia. Pena, penita, pena.
Un saludo!!!
Totalmente de acuerdo con todos. En mi caso conozco la mala educación en todos los niveles. Pero tengo la suerte de tener amigos con los hijos muy bien educados. Claro que esto les supone una lucha diaria y muchos malos ratos que no todo el mundo está dispuesto a pasar. Es mucho más sencillo traerlos al mundo y que los "sufra" también todo el mundo. Son niños, pero al igual que los árboles, si no se encauzan desde el principio será difícil enderezarlos de adultos.
La educación en casa es fundamental, y algunos padres "pasan" de sus hijos cuando estan en segun que sitios, simplemente con que esten "a cubierto" y no corran peligro de ser atropellados, no se preocupan de nada mas....
No puedo estar más de acuerdo. Yo no tengo hijos, pero he sido niña y me he portado bien. E incluso, sé que ga habido sitios a los que mis padres no pudieron ir durante años (al menos no conmigo). Yo no fui al cine hasta que tuve una cierta edad para comprender la película y prestarle atención. Lo mismo, si fui a restaurantes nunca me tiré por el suelo ni molesté a nadie (no digamos de otras mesas, impensable).
Me alegro de leer esto porque a veces hasta pienso que me estoy volviendo carca. Pero alguna vez he visto niños sentados, callados y comiendo para beneficio de todos. Y más de sí mismos y sus propios padres. A algunos se les debería caer la cara de vergüenza.
interesante
Totalmente de acuerdo con los demás, la culpa es de los padres. Los niños son eso, niños, pueden ser más inquietos, charlatanes, etc... pero las mínimas normas de comportamiento y educación se les deben enseñar desde bien pequeñitos, explicándoles las cosas con calma.
Mis sobrinos (2 y 4 años) no se levantan de la mesa hasta que terminan de comer, recojen sus juguetes antes de acostarse, etc... y hacen travesuras, claro que sí, pero si tú les dejas hacer lo que les da la gana, una vez alcancen una determinada edad, se volverán incontrolables.
El problema a veces aparece cuando en reuniones familiares se juntan con los otros primos "salvajes" cuyos padres pasan ampliamente ¿y tú qué haces, les echas la bronca a los tuyos para que no salten en el sofá cuando los otros 6 sí lo hacen acompañados con las risas de los abuelos? O cuando el resto corretea por el restaurante bajo la mirada asesina de los camareros (con toda la razón)....
Buen post Fiona, creo que has descrito una situación que se repite con demasiada frecuencia ya lamentablemente.
-- editado por última vez a las 10:01
Muchas gracias Mare.
interesante
Yo puedo opinar, ya que tengo dos niñas-demonio en casa... y puedo confirmar que es un drama ir a comer fuera, especialmente cuando ven que el 90% de niños de las otras mesas están todo el rato dando vueltas y haciendo el idiota y ellas no entienden por qué se tienen que estar quietas y esperar en la silla. El colmo absoluto es el día que vas con otros padres y te recriminan que estén tan sentadas y quietas, te sueltan que son niños y que tienen que saltar y jugar... yo suelto lo de siempre: que jueguen y salten cuando sea hora, no en la mesa.
Por cierto, hace unos días se publicó un estudio que confirmaba que a mayores ingresos de los padres, menor cuidado de los niños (y menor educación equivalente). Así que con este dato, casi me aseguro que mis nenas se comporten como dos angelitos XDDD
Pues yo en mi establecimiento, he aprendido o he tenido que aprender, a devolver esos niños junto a sus padres. Y digo aprender porque no es fácil que se lo tomen a bien, porque en realidad es una reprimenda para ellos. Me indicó el camino, hace tiempo, la dueña de un pequeño restaurante de pueblo, mayor ya ella, la cual a la recepción de los comensales que llevaban algún niño, se lamentaba directamente hacia ellos con un: supongo que no habrán tenido mas remedio que traer al niño, pobrecito, espero que se porte bien y no me ponga nerviosos a las demas personas que estamos aquí, unos disfrutando la comida y los demás trabajando. Ale, que les aproveche. Y esa era la mesa que mas rápidamente servía. Una vez comidos, como el niño estaba aburrido, pobre, se marchaban énseguida.
Lo siento pero hay que poner jeta y pensar que, con educación un poco de arte, temple y sabiendo que puede salir alguien respondón, tienes que actuar en bien de toda la gente que tienes en el establecimiento. Ellos agradecen y asienten con la cabeza, e incluso alguna palmadita en la espalda, que tú hagas lo que los padres no han querido hacer, para que los demás disfruten de su intimidad y de su compañía a la vez.
-- editado por última vez a las 10:27
Yo sería uno de esos de la palmadita en la espalda... se me cae la cara de vergüenza cuando veo el comportamiento de según qué niños y, aún más, la permisividad de los padres. Ya sé que es muy guay y muy hippy dejar que los niños hagan lo que quieran, pero tarde o temprano tendrán que aprender que no están solos en el planeta, digo yo...
yo a esta señora le hubiera soltado una fresca y me hubiera ido del sitio, pues ni conoce a la familia ni al niño, y los está poniendo de antemano de maleducados, cuando la primera maleducada seria ella.
Ademas hay gente que se molesta porque un bebé llore, pero no le molestan las voces del de la mesa de al lado o los eructos que se tira el que se hace el gracioso.
Vuestras experiencias las traslado yo a mi trabajo (que no tiene nada que ver con la comida ni con la hostelería) pero es un puesto de trabajo cara el público.
He visto de todo: niños buenos, revoltosos, chillones, maleducados, contestones TODO prácticamente. Es muy fuerte estar hablando con los padres mientras el niño lo tira todo, enguarra la tienda, chilla y no deja hablar a nadie y lo único que saben hacer los padres es chillar su nombre un par de veces... al final del día puedo ver que los cristales están llenos de manos, de caramelos... el suelo ni os cuento.
Lo siento tenía que desahogarme!!
Te entiendo, en alguna ocasión me ha ocurrido también mientras atiendo a los padres en la oficina, los niños campan a sus anchas. Han llegado a saltar sobre las sillas o coger un rotulador y pintar las paredes ante la mirada impasible de los padres, mi mirada atónita, y encima acabé discutiendo con los progenitores que esgrimían eso de "son niños, qué quieres que haga" con la mayor tranquilidad...
Gracias por animar la charla con vuestros comentarios. Un saludo.
interesante
Es cierto que hay niños maleducados y molestos y padres despreocupados y pasotas. A veces se juntan las dos cosas y la mezcla en un restaurante puede ser explosiva. Pero, ni todos los niños ni todos los padres son iguales. Por eso la advertencia de esa dueña de restaurante de pueblo me parece que sobra si no se conoce al niño o al padre. A veces los niños se ven expuestos a situaciones que son muy incómodas para ellos. Un restaurante en el que hay que estar quieto y callado durante horas no es el mejor lugar para un niño. Acabará cansado y dando la lata. Hay que pensar en eso y no siempre se hace. Hay adultos mucho más maleducados que los niños. Soy madre de dos niñas, que no gritan ni saltan por las mesas, y presuponer que van a molestar sin conocerlas me ofende un poco, la verdad. Esperanza.
En mi opinión particular, e independientemente de otros comentarios, yo no pido que los niños estén ni quietos ni callados, eso sería estar a espaldas de la realidad y ser crueles con los peques, solo un mínimo para que podamos disfrutar todos de un par de horas relajadas mientras comemos después de una semana de trabajo.
Simplemente que no se conviertan en pequeños vándalos tiranos que hagan del espacio su feudo, y además, como cuento en el post, destrocen mobiliario e instalaciones. Hay muchos niños que se portan estupendamente, como siempre hizo mi hijo, y veo que hacen también las tuyas.
Un saludo y gracias por comentar.
Estoy totalmente de acuerdo contigo eganta, yo soy madre de dos niños uno de diez y otro de tres y a mí jamás me han sacado los colores en ningún sitio. También trabaje durante 13 años en una tienda de ropa para niños y claro que había niños maleducados pero no eran la mayoría y ahora que me dedico a la educación en el tiempo libre de los niños os puedo asegurar que los impertinetes son pocos y siempre relacionados con la educación que tienen los padres.
-- editado por última vez a las 11:56
Si algo me ha molestado desde siempre, es comer en un restaurante con un niño sentado en la mesa de al lado dando por saco, por eso ahora que soy mama de tres pequeños cafres, cuido mucho de que esto no le pase a nadie.
Una cosa es que los niños se comporten como tal y otra es el vandalismo y esto que tu has contado aqui me parece deplorable, que un niño vaya bien vestido no es garantia de que su educacion este a la altura del precio de su modelito.
Y ya por ultimo, yo soy el dueño del sitio y no acudo a regañar a los niños, me voy directa a los padres y amablemente les indico que o moderan a sus niños o abandonan el local, que una cosa es ser buen empresario y montar algo comodo para ellos y otra es ser una niñera cuando no tienes porque.
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Un post muy acertado Fiona. Yo tengo dos niños de 6 y 9 años, y lo mismo que me fastidia ir a un restaurante y tener que soportar los gritos, empujones, carreras y lloriqueos de los demas niños; mis hijos tienen muy claro que ESO no se hace. Me paso toda la comida detrás de ellos, mirando dónde están, controlando si están molestando a alguien. Ciertamente no se come a gusto, pero esa es la elección hecha al tener hijos: asumir la responsabilidad. Yo vivo en Holanda, y aquí las normas de convivencia y comportamiento social se llevan muy a rejatabla. Es cierto que si te quejas del comportamiento de los niños, a los padres les parece mal, pero ves que hace efecto. O la familia se marcha o los niños se sientan a dibujar o a jugar con la Nintendo tranquilamente. Casos exagerados de tirar comida, gritar y tirarse al suelo no se conocen en Holanda. Si algún niño se comportara así todo el restaurante (personal y clientela) mandaría la familia a la calle... Saludos HOLASPAIN
Muchas gracias Holaspain. Un saludo.
Cuando salgo a cenar con mi pareja (con el grupo de amigos es otra cosa) suelo esforzarme por elegir sitios que sean lo menos "ergonómicos" posibles para ir con niños.
No os tenía por unas personas tan clasistas.
Creo que se trata simplemente de cuestiones de educación y respeto ¿no?
¿Clasistas? esto no tiene nada que ver con ser clasista.
interesante
Se está comentando el comportamiento de algunos crios en restaurantes y el pasotismo de sus padres en algunos casos. Se ha comentado que la mala educación no tiene clase social por desgracia hay maleducados de alta y baja cuna, pero también vemos familias de toda clase que da gusto compartir local. También se ha comentado que muchas familias pueden salir a comer o cenar por que llevan años enseñando modales a sus hijos y los que los tienen pequeñitos están en ello. El post que presenta Fiona no habla en ningun momento de clasismo, sino de educación , respeto y transmision de educación de padres a hijos
Con el contenido de la entrada estoy totalmente de acuerdo. Es por ello que los restaurantes a los que suelo ir no hay niños, y si los hay pido que me den una mesa alejado de ellos. Ahora bien, en atención a la entrada y a los comentarios hechos, me parece que no he dicho ninguna barbaridad: "Como dato que nos sitúe aún más, prácticamente todos vestían ropas caras, iban pulcramente peinados con sus ondas, sus enormes lazos (ellas) y sus calcetines de perlé. No debería de ser así, pero a según que nivel económico se le supone un nivel parejo de educación. Pues en algunos casos ni rastro de ella". Silvia: "Os váis a creer que todas las que los niños venian de escuelas públicas o incluso de monjas religiosas fueron una delicia, no sabéis que dolores de cabeza por no decir úlceras de estómago me dieron las escuelas de élite, por qué es tal la mala educación y la impertinencia de los padres, que viéndolos a ellos entiendes muchos comportamientos de sus hijos". Miguel Moya: "En cuanto al comentario del nivel económico, y como regla general, es cierto, cuanto más adinerados suelen ser más consentidos, ¡aunque cuidado!". Surfzone: "Por cierto, hace unos días se publicó un estudio que confirmaba que a mayores ingresos de los padres, menor cuidado de los niños (y menor educación equivalente)". Saludos.
Barbaridad no has dicho ninguna, solo me ha sorprendido que saques esa conclusión y que ese sea en principio tu único y escueto comentario. En lo que a mí respecta, las frases "No debería de ser así" y "se le supone" creo que da una idea de lo que pienso al respecto del tema, no he afirmado nada, ni creo que eso sea así en realidad.
Muy buen post Fiona!!me ha gustado!! es triste que hoy en dia se viva una situacion asi, es la etapa de nuestra historia en la que mejor y con mas comodidades vivimos y en vez de enseñar a los niños el valor de lo que tienen, cada vez hay mas niños consentidos, que por desgracia acaban siendo ,en muchos casos, adultos consentidos, con un futuro muy incierto...
Llego un poquito tarde, pero en un restaurante que nos encantaba dejamos de ir por culpa de un padre. Me explico, el padre llegaba todos los días con la niña a tomar la tapita antes de comer. Dejaba a la niña suelta y el a leer el marca. El problema es cuando llegamos, nos sentamos a comer y la susodicha hija se sienta en nuestra mesa y empieza a comerse nuestro pan.
Nosotros llamamos al camarero y claro, el pobre no sabía que hacer, porque al cliente habitual no se le podía decir nada, pero nosotros no ibamos a comer con una persona más, no? Pues acabó llamando al padre, y el padre suelta el comentario de "son niños, juegan, esas cosas" y el pobre camarero con cara de vergüenza.
Nos pidió disculpas y nos cambió la cesta de pan (la niña había mordisqueado la mitad).
Pero lo increible es que el padre la llevó a su lado y a seguir leyendo el marca, a los 5 minutos la niña volvió a la mesa y nosotros abandonamos el local. En definitiva, el camarero poco podía hacer, pero es que el padre se merece lo indecible.
pues yo le hubiera dicho directamente al padre que le pidiera una tapita a la niña, porque tiene hambre, ya que se está comiendo nuestra comida
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