
En los temas de nutrición llevamos tanto tiempo oyendo hablar de calorías, que parece que es lo único que cuenta. Es un modelo que todo el mundo puede entender, lo llamaré el modelo “horno-caloría”. No hay que pasarse con las calorías, porque si ingerimos más calorías de las que quemamos, engordaremos. Por tanto, la solución a todos nuestros problemas es fácil, ingerir menos calorías.
Este modelo se basa en el concepto caloría y nos asemeja a hornos. Tenemos una puerta de entrada, nuestra boca, por la que pasa la comida y un estómago que quema esta comida para darnos energía. Es fácil de entender. Pero, ¿sirve este modelo para explicar por qué engordamos?
Supongamos que tenemos dos pizzerías. A una le va muy bien, y está siempre llena, nunca encontramos mesa. A otra, no le va tan bien, casi siempre está vacía. ¿Por qué la primera está llena y la segunda vacía? Según el modelo “horno-caloría” en la primera entran más personas de las que salen, mientras que en la segunda, ocurre al contrario. ¿Explica esto por qué la primera pizzería tiene éxito? Claramente, no.
Pues este es el modelo que todos usamos para describir por qué engordamos, el modelo “horno-caloría”. Engordas porque comes más de lo que gastas. ¡Pues vaya noticia! ¿Y por qué fulanito, que come más que yo no engorda? Se convierte en la pregunta del millón.
¡Son las hormonas estúpido!
No quería ofender, solo llamar la atención. Por fortuna, somos seres mucho más complejos que simples hornos. Básicamente somo compejísimos bailes hormonales que determinan un estado del organismo que se conoce como homeoesstais. Es como el punto de equilibrio al que tendemos. Curiosamente, muchas personas obesas, cuando se analizan sus dietas por número de calorías, no consumen más que otras personas delgadas. Pero, ¿cómo han llegado a ese punto? ¿por qué no bajan de peso?
Su sistema hormonal está descompensado. Sus hormonas han ido cambiando con el tiempo y una dieta inadecuada, hasta llevar al organismo a un punto de equilibrio u “homeostais” de sobrepeso. Salir de ese punto de equilibrio, simplemente queriendo consumir menos calorías se hace muy difícil, porque las hormonas “fuerzan” al organismo a tender a ese equilibrio.
Dicho de otro modo. A una persona obesa su propio cuerpo le pide comer para mantenerse como está. Sus hormonas “conspiran” (por favor, dejarme usar este término) para que coma hasta el punto de equilibrio. Comiendo lo mismo, pero en menos cantidad, no será sostenible. Al cabo de un tiempo, la situación se hará insostenible. Algo radical tiene que cambiar en su dieta, para que sus hormonas empiecen a bailar otra melodía. Esa nueva melodía es lo que las llevará a una nueva homeostasis de menor peso.
¿De qué hormonas estamos hablando?

Voy a simplificar, aún a riesgo de cometer errores. Tres principalmente: insulina, leptina y grelina.
La insulina es una hormona clave en el control del nivel de glucosa en sangre. Su funcionamiento se conoce bien desde hace mucho tiempo, y también su uso en diabéticos para controlar el azúcar en sangre. La insulina, se segrega por el páncreas, y hace que la glucosa en sangre no suba mucho. Para ello, o bien la lleva a los células musculares o bien estimula la conversión de la glucosa en grasa. Muchas dietas bajas en hidratos o “low-carb”. Basan su funcionamiento en este proceso. Si reduzco la ingesta de glucosa, menos cantidad de ésta se convertirá en grasa por acción de la insulina.
Pero las cosas no son tan simples. Leptina (del griego Leptos, delgado) es una hormona que segrega el tejido adiposo, y que se encarga de “avisar” al organismo de que ya hay suficiente grasa. Para ello hay unos receptores en el cerebro que son sensibles a la leptina, y que cuando se activan, desencadenan una cascada hormonal que suprime el apetito, y activa el metabolismo de las grasas.
Y por último está la ghrelina. Esta hormona induce el apetito y es secretada por el estómago y el páncreas. Su secreción se produce antes de comer y su acción también está ligada con las de las dopaminas, y sensaciones de placer. Se la considera la hormona antagónica a la leptina, y comparte con ella receptores.
Para las tres hormonas, hay que tener en cuenta que también hay receptores específicos. En muchos casos estos receptores, se pueden llegar a saturar (fenómenos conocidos como resistencia a la insulina, leptina, etc…) y por tanto dejan de cumplir su función.
El baile hormonal en acción
Por ejemplo, las personas obesas pueden ser a la vez, resistentes a la insulina y la leptina. Traducción. Cuando ingieren comidas, sus células musculares, no son capaces de “tragar” más glucosa, porque sus receptores de insulina no funcionan bien. La única vía que queda es convertirse en grasas.

No habría mayor problema, para eso está la leptina, para avisar de que hay mucha grasa y reducir el apetito. Pero resulta que los receptores de la leptina tampoco funcionan. Es decir, al cerebro no le llega la señal de que no hace falta comer más.
Para cerrar el círculo, se sabe que hay comidas que “estimulan” la ghrelina. Comidas más gratificantes. Pensamos en algo muy rico, la ghrelina se dispara, se dispara luego la serotonina, más ganas de comer, más apetito, más cantidad de comida…
Por tanto, en muchos casos, las dietas que provocan estas disfunciones en las hormonas, son las mismas. Y muchas de las dietas que funcionan son aquellas, que cambian este baile hormonal. La reducción del número de calorías ingeridas es más un reflejo de este cambio.
Por ejemplo, y no es la única combinción, comidas muy gratificantes (vía ghrelina-dopamina), altas en azúcares (vía insulina) o con grasas no saludables (afectan a la leptina). Además, estas dietas vienen con antinutrientes que colaboran el la obstrucción de estos receptores de la insulina y leptina.
La combinación, por supuesto, si la metemos en un horno, da como resultado, más calorías consumidas que gastadas, pero las cosas por dentro de ese horno son algo más complejas…
Imagen vía | Por Lon&Queta, Wikipedia, Por thenoodleator
En Directo al Paladar | La Leptina, presente en la leche materna, contra la obesidad
En Directo al Paladar | Según los niveles de insulina de una persona, es más factible perder peso con una dieta baja en azúcar
Comentarios
Muy interesante. Gracias.
Gracias por la información tan detallada.
Gracias Aitor, como siempre expones de una forma clara y sencilla sobre temas que nos preocupan. Al menos a mi, con este artículo me has tranquilizado con una explicacion alternativa. Soy de las que engordan a pesar de llevar una dieta controlando las calorías y de que tengo un gasto metabólico medio-alto (no lo digo yo sino que así me lo han dicho los dos nutricionistas que llevo ya consultados). Comprendo que no es tu cometido pero me he quedado con las ganas de saber cómo romper ese círculo hormonal. Y en todo caso, supongo que no puedo ir a un endocrino a quejarme de que mis hormonas no funcionan bien y que por eso engordo. Hasta donde se de personas que las trata un endocrino siguen dietas muy similares a las que me ponen los nutricionistas cuando no, dietas hiperproteícas que te todo he visto. Si los profesionales de referencia no tratan este problema ¿a quién acudir?
Muchas veces, como bien dice Aitor, los desajustes y aparición de resistencias a estas hormonas tienen su origen en el sobrepeso y la obesidad.
Más que echar la culpa a las hormonas, se trata de llevar una dieta equilibrada (aumentando si quieres un poco el balance proteico, ya que la digestión de las proteínas aumenta el metabolismo más que la de las grasas e hidratos) y una rutina de ejercicio que comprenda ejercicios aeróbicos combinados con musculación (otra manera de aumentar el metabolismo, por ejercicios intensos y por aumento de la masa muscular).
Yo también soy de los que engordan con poco, y en un momento llegué a tener un sobrepeso importante (casi 100 kg.), pero moderando la dieta, repartiendo las calorías en 5/6 comidas al día, y con ejercicio 6 días a la semana, he conseguido llegar a los 75 kg. (teniendo en cuenta que ahora tengo más músculo y menos grasa, y que el primero pesa más que la segunda, es un buen avance), casi mi peso ideal.
Eso sí, tampoco esperes resultados instantáneos, lleva bastante tiempo y esfuerzo, pero créeme que merece la pena.
¡Ánimo!
Faltaron dos grupos MUY importantes: las hormonas tiroideas y las catecolaminas. También la información sobre la insulina está un poco incompleta (faltan los efectos sobre el metabolismo de las grasas y los aminoácidos, el antagonismo del glucagón, la resistencia a la insulina no es así exactamente...)
De todas formas, buena iniciativa promoviendo la divulgación de conocimiento científico que rompa los mitos que la gente tiene sobre la alimentación, y ayudando a que comprendan mejor el funcionamiento de su cuerpo.
Entre Directo al Paladar y su página hermana Vitónica se pueden aprender muchas cosas interesantes y útiles aparte de recetas y rutinas de ejercicios.
Un saludo.
Muchas gracias. Como bien dices no está toda la información respecto a la insulina, pero el objetivo del post era dar una visión diferente y empezar a pensar también en las hormonas como cruciales en nuestro metabolismo.
Intentaré hacer un post más completo sobre la insulina y algunas otras hormonas y compuestos que se han quedado fuera.
Claro y directo. Muy bueno.
Pues a mi no me convence mucho el articulo, primero, porque hasta lo que yo se, mucho de lo que cuentan no dejan de ser teorías que tienen sus muchas contradicciones. Por otra parte directamente el razonamiento de por que al ser resistente a insulina se convierte en grasa no tiene mucho sentido. El azucar se transforma en grasa dentro de las células y para ello tambien se necesita insulina (por esa regla de tres los pacientes diabeticos tipo 1 tendrían que ser obesos, cuando precisamente suelen ser lo contrario). Es la obesidad lo que produce resistencia a insulina no la resistencia a insulina la que produce obesidad. Y, aunque en general está bien tener cierta idea de que es cierto que algunas hormonas, y ciertas enfermedades concretas pueden hacer que se tenga cierta tendencia a engordar, estoy cansada de ver gente obesa que se excusa en este tipo de historias... y no lo justifica!
Hola Sandra, el mecanismo de resistencia a la insulina es bien conocido. Dietas altas en azúcares o grasas disminuyen la capacidad de las células para introducir la glucosa en las células musculares y hepáticas. Por tanto, el organismo, para evitar una cantidad elevada de glucosa, y debido a una elevada cantidad de insulina en sangre, activa la vía de lipogénesis, y se produce el almacenamiento en células adiposas. Por supuesto, hay muchos otros factores, y la nunca es fácil determinar causa y efecto o correlaciones. El caso de los diabéticos tipo 1 es distinto. Ellos no pueden producir insulina, y por tanto su vía para acumular grasa está mermada.
interesante
Interesantisimo post,con muy buena exposición y que como podemos ver se presta a la exposición de diferentes teorias, estudios, opiniones y controversias razonables e interesantes, incluso entre los propios profesionales de la materia.Aun hay mucho por decir, por descubrir y estamos en el camino.Gracias Aitor
Está claro que comiendo todos en una casa el mismo menú durante años, unos estamos mas delgados que otros. Serán las hormonas? Tu lo explicas bastante claro, además lo que sí es cierto es que a medida que varía nuestro perfil hormonal por causa de la edad, varía nuestra acumulación de grasa. Yo como chocolate, por gusto y por trabajo, todos los dias y mis hormonas no se quejan, aunque también es verdad que no engorda el cacao sino todo lo que le acompaña. Resuminedo, dieta equilibrada.
Para mí está claro: todo lo que está bueno, engorda :)
Gracias por el artículo (by the way). Muy interesante.
13 Comentario moderado
5homeostasis.(www.rae.es) (De homeo- y el gr. στάσις, posición, estabilidad). 1. f. Biol. Conjunto de fenómenos de autorregulación, que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo. 2. f. Autorregulación de la constancia de las propiedades de otros sistemas influidos por agentes exteriores.
¡Pues vaya con las hormonas!
A ver si nos inventamos algo, que consiga dejarnos más o menos en nuestro peso ideal.
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