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En una cena de chicas, doce excompañeras de trabajo, a las que echo muchísimo en falta, allí es donde desapareció este pastel de cerezas. La cena se organizó en casa de Cristina y, cada una de las asistentes éramos responsables de llevar algo, una bebidas, otra tortilla de patatas, otra de alubias y espinacas, otras eran las encargadas de comprar coca salada de cebolla y coca de espinacas con sus pasas y sus piñones, otra el cava, así hasta conseguir que la enorme mesa de la anfitriona, se nos quedara pequeña para alojar tanta comida.
A mí me tocó (creo que sin sorteos) llevar el postre. Aprovechando que las cerezas están en su mejor momento, quise sorprenderlas con algo vistoso, lástima que lo de la manga pastelera es uno de mis puntos débiles y no me quedó todo lo bonito y sofisticado que puede quedar, de hecho tenía tan poca gracia la decoración final que, en un arranque de imaginación y con la ayuda de una cuchara, redistribuí la crema y redecoré con las cerezas, para poder salir al comedor con el pastel en la mano diciendo – os va a encantar este pastel rústico de cerezas -.
Los ingredientes
500 gramos de queso fresco tipo filadelfia, 300 gramos de cerezas, 200 gramos de azúcar, 200 gramos de azúcar glasé, 200 gramos de harina, 50 gramos de almendras molida, 5 huevos, 1/2 cucharadita de esencia de vainilla, 1/2 vaso de licor, aceite para engrasar el molde, 1/2 cucharadita de levadura química, una pizca de sal.
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