El placer de comer ostras

He de decir que aprendí tarde a comer ostras. De hecho, el momento en que aprendí a comer ostras y el primer día que las comí no coinciden en el tiempo. Es muy curioso como son las tradiciones culturales: la apertura, el hielo picado, el chorro de limón, el sorbito a la hora de comerlas. Sí, geniales.
Hace poco en un libro tuve la oportunidad de descubrir a través de las letras el verdadero placer sensorial que se alcanza al comer las ostras como realmente deben comerse. El libro es Historia de la comida de Felipe Fernández-Armesto, y tiene una cita de Clark, E., en The Oysters of Locmariaquer, quien describe que el verdadero placer de comer ostras es,
un penetrante retazo de mar, con todas sus algas y sus brisas (...) Estás comiéndote el mar y nada más que el mar, aunque algún tipo de encantamiento haya hecho desaparecer la sensación de beber un trago de agua salada.

Muchas noticias nos informan sobre la contaminación que sufren los mares y las especies que en ellos habitan, hemos hablado del contenido excesivo de mercurio en los peces, de la reducción de determinadas poblaciones marinas consecuencia directa del calentamiento global o de la contaminación generada por el hombre como sucede con los combustibles o plaguicidas.
Así como en verano tiramos mucho de las ensaladas, en invierno un entrante muy apetecible son las sopas, esta sopa de algas ostras y vieiras os recordará mucho a mar para los que sois de tierra adentro, probarla y veréis como volverá a vuestras mentes perfumes marineros si habéis veraneado por la costa.