Antes del aire acondicionado, las casas utilizaban esta técnica para mantenerse frescas. Todavía puede funcionar

Estas eran las prácticas habituales durante los meses cálidos mucho antes de que existieran los actuales sistemas de climatización

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Joana Costa

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Mucho antes de que el aire acondicionado y los ventiladores eléctricos se convirtieran en habituales, las viviendas recurrían a soluciones bastante más sencillas para hacer frente al calor. Una de ellas consistía en algo tan cotidiano como cambiar los textiles de la casa cuando llegaba el verano.

En Francia, durante buena parte del siglo XX, era habitual retirar las alfombras gruesas utilizadas durante el invierno y sustituirlas por esteras o alfombras mucho más ligeras. Materiales como el junco, el yute, el algodón o posteriormente otras fibras vegetales permitían cubrir el suelo sin añadir la misma sensación de abrigo que proporcionaban los tejidos más pesados.

Esteras en interiores y exteriores

La costumbre, sin embargo, es mucho más antigua. Un estudio publicado en la revista científica Bulletin Monumental, disponible en el portal académico Persée, documenta la utilización de esteras de junco en interiores franceses durante siglos, tanto para cubrir suelos como paredes.

La clave no está en pensar que una alfombra de fibras naturales funciona como un aparato de climatización. Una estera no reduce por sí sola la temperatura de una habitación, pero sí cambia la sensación térmica y permite aprovechar mejor las características de determinados pavimentos.

Suelos frescos

Los suelos con elevada inercia térmica pueden permanecer relativamente frescos durante parte del día si la vivienda se protege correctamente de la radiación solar. Cubrirlos con textiles gruesos y aislantes puede resultar agradable en invierno, pero tiene menos sentido cuando lo que se busca es precisamente una casa menos cálida.

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Proteger el contacto con el suelo caliente

Cabe señalar que lo que realmente mantiene la frescura de la habitación no es la alfombra ni la estera, sino el propio suelo. Este absorbe el calor lentamente a lo largo del día para después liberarlo poco a poco. La función de la estera de junco o la alfombra de algodón o bambú es proteger los pies del contacto con el suelo caliente. 

Además, al ser fibras naturales, absorben el vapor de agua cuando el aire está cargado, para soltarlo una vez esté seco. Desde Le Journal des Femmes añaden que las alfombras de fibras naturales son transpirables e impermeables, razón por la que son perfectas tanto para interiores como exteriores.  

Aparte, retirar alfombras de lana o pelo largo cuando suben las temperaturas continúa siendo un gesto muy útil para adaptar el interior al verano. En su lugar pueden utilizarse esteras y alfombras finas de fibras vegetales, especialmente cuando se quiere mantener alguna protección sobre el pavimento.

Materiales como el yute, el sisal o el junco aportan además una estética asociada tradicionalmente a los meses cálidos. Su textura más ligera permite mantener el suelo vestido sin reproducir la sensación visual y táctil de las alfombras utilizadas durante el invierno.

Antes de la climatización moderna

Cambiar los textiles según la estación recuerda que las casas se adaptaban al clima mucho antes de disponer de sistemas mecánicos para hacerlo. Persianas y contraventanas cerradas durante las horas de mayor insolación, ventilación cuando baja la temperatura exterior y tejidos diferentes para invierno y verano formaban parte de esa estrategia doméstica.

Naturalmente, sustituir una alfombra no puede competir con un aire acondicionado durante una ola de calor. Tampoco todas las viviendas reaccionan de la misma manera. En concreto, la orientación, el aislamiento, los materiales de construcción y la ventilación tienen mucha más influencia sobre la temperatura interior.

Pero recuperar esta antigua costumbre sí puede ayudar a preparar la casa para los meses cálidos. A veces, antes de buscar nuevas soluciones contra el calor, basta con retirar algunas de las que colocamos precisamente para combatir el frío.

Fotos | José Antonio Otegui Auzmendi y bouchta lachhab

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