El gesto es sencillo: devolver una bandeja, pero detrás hay todo un sistema pensado para cambiar la forma en que se consumen productos envasados. la cadena de supermercados BonÀrea ha creado un circuito cerrado de envases que busca reducir el plástico de un solo uso sin complicarle la vida al consumidor.
El funcionamiento parte de una lógica conocida, casi de otra época: el cliente compra un producto en bandeja, paga un pequeño depósito y, cuando termina, devuelve el envase en tienda, con incentivo incluido. A partir de ahí, la compañía recoge, limpia y reintroduce esas bandejas en el circuito. La diferencia es que el proceso está industrializado, controlado y adaptado a los estándares actuales de seguridad alimentaria.
Tasa de retorno del 60%
Tras una fase piloto en Tarragona y Guissona, donde el sistema ha alcanzado una tasa de retorno del 60% y ha evitado más de 72.000 bandejas de un solo uso, BonÀrea prepara ahora su despliegue a gran escala. A partir del segundo semestre de 2026, RetornA se extenderá a toda Catalunya, alcanzando unas 460 tiendas de su red comercial.
El sistema, que ya ha demostrado ser operativo, se basa en un modelo de reutilización real: cada bandeja está diseñada para usarse hasta 50 veces. Esto no solo reduce residuos, sino que cambia el coste estructural del producto. Al no depender de envases desechables, el precio final puede ajustarse, algo que no siempre ocurre en iniciativas sostenibles.
Además, el incentivo económico funciona como palanca: el cliente paga 0,45 euros por la bandeja y recibe 0,50 al devolverla. Es un sistema pequeño en apariencia, pero suficiente para generar hábito. Y ahí está la clave: no se trata solo de reciclar, sino de introducir una rutina de retorno.
En paralelo a la expansión territorial, la compañía está ampliando el número de productos que utilizan este sistema. Empezó con el filete de pollo y ya incorpora nuevas referencias como el muslo entero, con previsión de seguir sumando opciones en los próximos meses. La idea es integrarlo en la compra habitual, no en una categoría aislada.
Según informa la cadena, el modelo tiene sentido dentro de la estructura de BonÀrea, basada en la integración vertical: controla producción, distribución y venta sin intermediarios. Eso permite gestionar la trazabilidad del envase, garantizar su limpieza y volver a ponerlo en circulación sin fricciones logísticas. Ciertamente, no todas las cadenas pueden replicar algo así con la misma facilidad.
El proyecto, respaldado por la Agencia de Residuos de Catalunya y con una inversión superior a los 10 millones de euros, encaja en un contexto donde la reducción de residuos ya no es solo una cuestión reputacional, sino también regulatoria. La normativa europea empuja en esa dirección, y sistemas como RetornA anticipan ese escenario.
El siguiente paso ya está definido: tras consolidar su implantación en Catalunya, BonÀrea prevé extender progresivamente el sistema al conjunto de España, donde cuenta con más de 600 establecimientos.
La incógnita no es tanto si el modelo funciona, aunque los datos apuntan a que sí, sino si el consumidor está dispuesto a asumir ese pequeño gesto cotidiano que lo hace posible.
La compañía presentará esta nueva fase en Alimentaria 2026, en Barcelona, en un momento en que la circularidad ha dejado de ser un concepto aspiracional para convertirse en una exigencia del sector con repercusiones reales. En este caso, al menos, la teoría ya ha empezado a rodar en la práctica.
Fotos | Joana Costa
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