El verano es la época más deseada del año para las vacaciones familiares, pero también el momento que más miedo metemos a la tarjeta de crédito, a la cuenta corriente y a ese préstamo que pedimos para acabar teniendo unos días libres.
Una realidad fehaciente para millones de españoles que, incluso, ya se está empezando a sentir a nivel macroeconómico. Muchos son los viajeros que van renunciando paulatinamente a pequeños lujos estivales como salir a comer o cenar fuera de casa, en detrimento de las restricciones en el alojamiento o el destino propiamente dichos.
Por eso y si además metemos menores en la ecuación, las matemáticas todavía obligan a hacer más encaje de bolillos con las cifras para que la cuesta de septiembre no se convierta en el Everest.
En este sentido, la economista Leticia Poole, profesora de Economía de la Universidad Europea de Valencia, explicó algunos de los pequeños hacks que podemos llevar a cabo en los presupuestos domésticos y que el mes no se acabe haciendo largo.
La "economía de la experiencia"
Por eso, especialmente si se viaje con menores, insiste en ser precisos con los gastos y dar valor a lo que denomina "economía de la experiencia". ¿Qué significa esto? Pues, simple y llanamente, que no midamos los estándares de nuestras vacaciones por el precio del hotel o de la comida, "sino del tiempo de calidad compartido".
Además, para que no se nos vaya de las manos el precio de nuestro verano familiar, apuesta por la regla del 50/50 que permita equilibrar los presupuestos, alternando un día de gran gasto con una jornada de coste cero.
Por ejemplo, "compensar el coste medio del viaje es posible si alternamos una entrada a un parque temático con planes gratuitos como picnics en la playa", pero también con otra serie de actividades al aire libre que no cuesten dinero como el senderismo o como los parques infantiles.
Cocinar en casa, una forma de ahorrar
No obstante, uno de los principales picotazos a la hucha familiar durante las vacaciones viene con el presupuesto en comida, más aún si pretendemos desayunar, almorzar o cenar fuera de casa o fuera del apartamento.
En este caso, entre sus recomendaciones está el dar prioridad a alojamientos que dispongan de cocina integrada, con lo cual vamos a conseguir abrochar mucho mejor nuestros gastos externos a costa de lo que cocinemos allí.
Dar prioridad a planes gratuitos es una forma de ahorrar y, al mismo tiempo, de aprovechar la "economía de la experiencia".
Las cifras, según Poole, están claras: "Preparar al menos dos de las tres comidas del día en casa elimina los márgenes de los restaurantes y los costes de transacción, lo que reduce el gasto total en alimentación hasta en un 60%".
No es una cifra menor y, además, no es solo una cuestión de derroche, sino de economizar tiempo y controlar mejor los ritmos domésticos de las esperas, los horarios de los restaurantes y la gestión con los niños que pueden llegar rendidos a las últimas horas del día.
Imágenes | Jose Peguero / Kampus Production